Columna

Haroldo Calvo Núñez: ciencia y conciencia

“Apasionado por la cultura y los buenos modales, instaba a sus discípulos a cultivarlos porque: ‘El que solo de medicina sabe, ni de medicina sabe’...”.

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HENRY VERGARA SAGBINI
11 AGO 2025 - 12:00 AM

Conocí al doctor Haroldo Calvo Núñez a principios de la década de los 70, cuando unido a imbatible tropa de soñadores comandada por Arnold Puello Benedetti, Adolfo Pareja Jiménez, Miguel Facio Lince, Clímaco Silva, socializaban el proyecto ‘Hospital Universitario de Cartagena’, que con el apoyo ciudadano, liderado por el periódico El Universal, remplazaría -el 6 de diciembre de 1975, en ceremonia encabezada por Alfonso López Michelsen, presidente de Colombia- al inolvidable Hospital Santa Clara que se caía a pedazos, dejando atrás la humanística escuela francesa, cediendo su trono a la eficaz y eficiente escuela anglosajona.

Haroldo Calvo Núñez, médico, académico, docente universitario, laboró en Facultades de Colombia y Norteamérica haciendo gala de liderazgo científico, académico, gremial, cultural y ético, enseñando no solo con palabras, también con el ejemplo. Dueño de convincente liderazgo, aseguraba a los futuros galenos que la Medicina es simbiosis de ‘ciencia & arte’, ejercida sin discriminación ni arrogancia: “Atiéndelo -repetía a sus alumnos- como a tu familia, clave para ejercer exitosamente la Medicina en cualquier lugar del mundo, época y circunstancias. Lo nuestro no es profesión, es SAGRADA MISIÓN, traspasando lo tangible”.

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Haroldo Calvo Núñez (Cartagena, 1919 - Cartagena, 1991), graduado en Medicina (1945) en la Universidad de Cartagena, especializado en Anatomía Patológica en el Josh Hopkins Hospital (Baltimore, Maryland,

EE.UU.), fue docente de las universidades de Cartagena, El Rosario (Bogotá), Hahnemann Medical College, de Filadelfia; desempeñó con lujo de detalles diversos cargos en la Universidad de Cartagena, Alcalde de Cartagena, Gobernador de Bolívar, ministro de Salud en el mandato de Alfonso López Michelsen, emprendió quijotesca tarea de institucionalizar el desvertebrado Sistema Nacional de Salud Colombiano, sobreviviente hasta la expedición de la polémica Ley 100 de 1993.

Junto a su familia se le recuerda como ser humano competente, solidario, honesto, culto, respetuoso, estricto, trabajador incansable, desempeñándose, además, como asesor de la Organización Mundial de la Salud (OMS), director del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), pionero en el respeto a los ‘Derechos de los Pacientes y la Misión Médica’, tan menoscabados en estos tiempos; investigador, cofundador del Banco de Sangre e, inexplicablemente, le quedaba tiempo para ejercer el periodismo conduciendo el radio-periódico ‘Síntesis’, de vastísima audiencia.

Apasionado por la cultura y los buenos modales, instaba a sus discípulos a cultivarlos porque: “El que solo de medicina sabe, ni de medicina sabe”.

Sin duda alguna, después de Rafael Núñez, cuatro veces presidente de Colombia; Haroldo Calvo es el cartagenero más destacado en el difícil y traicionero campo de la administración pública. A los 71 años marchó al infinito, satisfecho, sirviendo a los demás, tal vez inspirado en los versos inmortales de Gabriela Mistral, poetisa chilena, Premio Nobel de Literatura en 1945: ‘El placer de servir’: “Toda la naturaleza es un anhelo de servicio: sirve la nube, sirve el viento, sirve el surco. Donde hay un árbol que sembrar, plántalo tú; donde haya error que enmendar, enmiéndalo tu; donde haya esfuerzo que todos esquivan, hazlo tu”.

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