Columna

Solo le queda dios…

“Pareciera que a la paz en este mundo y en este país en particular, solo le queda Dios...”.

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Ignacio Antonio Madera Vargas
24 AGO 2025 - 12:00 AM

Ante la complejidad y magnitud de las estructuras de pecado que generan pobreza y exclusión y la dureza de corazón de quienes tienen en sus manos las decisiones económicas y políticas que empobrecen cada día más a los excluidos, algunos teólogos contemporáneos han afirmado que “a los pobres solo les queda Dios”, porque, a pesar de todo, ellos mantienen su apertura a la posibilidad de días mejores y el sistema mismo no lograr aniquilar su fortaleza y esperanza.

Algo de esto ha venido a mi pensamiento cuando escucho la urgente llamada del papa León XIV a toda la Iglesia universal y a los hombres y mujeres que todavía creen en Dios a jornadas de oración y ayuno, como la solicitada para el viernes pasado, porque pareciera que, análogamente a la suerte de los pobres, a la paz en este mundo y en este país en particular, solo le queda Dios. Por ello, la oración por la paz no es una distracción ante los reales intereses de la guerra, sino una profética llamada al Dios de la paz para que quienes creemos en la vida y en el respeto sin condiciones a la misma no claudiquemos; o peor aún, cedamos a la tentación de creer que la violencia se vence con más violencia y la seguridad se logra asegurando a los dueños de la guerra.

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Otra vez

El Dios de Jesús de Nazaret, el Hijo del Padre hecho hombre en la historia, es el Dios de la misericordia, del perdón, del consuelo y de la paz sin límites. Por ello, Jesús dirá a la humanidad que nos deja la paz, no como la dan los sistemas de iniquidad y de violencia sino como la exige la cercanía del Reino de Dios que sutilmente se hace presente en cada acto de justicia, de solidaridad, de perdón, de armonía y de paz por el diálogo, la conciliación y la fuerza del amor.

Responder al llamado del Santo Padre a una oración por la paz es al mismo tiempo unirla al ayuno agradable a Dios en la boca del profeta “¿No será este el ayuno que yo elija?: deshacer los nudos de la maldad, soltar las coyundas del yugo, dejar libres a los maltratados, y arrancar todo yugo? ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? Entonces brotará tu luz como la aurora, y tu herida se curará rápidamente. Te precederá tu justicia, la gloria de Yahvé te seguirá”(Isaías 56,6-8).

Y si, como a los pobres, a la paz solo le queda Dios, entonces el asunto es responsabilidad de todos y todas los que decimos creer en Él; porque la palabra de su Hijo sigue resonando hoy más que nunca: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás os vendrá por añadidura”(Mateo 6,33). Oremos y actuemos proféticamente a la manera de aquellos a quienes solo les queda Dios y han mantenido la fuerza histórica del Espíritu haciendo nuevas todas las cosas.

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