Con la dinámica global actual, la interculturalidad cobra absoluta relevancia. La conexión originada por los avances tecnológicos, mayor facilidad de viajar al exterior y un pensamiento cada vez más amplio de reflexión y acción en múltiples contextos, hacen que interactuar con personas y profesionales de otros lugares del mundo sea un imperativo.
La interculturalidad surge cuando las personas interactúan cotidianamente con otras que tienen características y costumbres distintas. Sobre estas diferencias culturales, se requieren relaciones de conocimiento y aceptación mutuas que promuevan el beneficio común entre los individuos y comunidades. Hoy la formación de los jóvenes debe ser integral y holística a partir del conocimiento propio y de sus realidades. Comprender las particularidades de otras culturas, saber articular las necesidades del tejido empresarial a nivel global, utilizar un idioma adecuado y una comunicación asertiva y respetar las diferencias que puedan existir entre individuos son imprescindibles en ese sentido.
¿Cuándo y con quiénes negociamos? Se negocia tiempo o recursos con la familia, la pareja, los clientes, los proveedores, los socios, pares ubicados en otras latitudes y otro grupo amplio de agentes que nos rodean. Y, aunque esta sea una idea que resulta fascinante para quienes trabajan en negocios, plantea retos que no siempre son valorados de la misma forma por toda la población.
La interculturalidad se ha forjado como una habilidad que deben poseer, potenciar o desarrollar los ciudadanos y profesionales de cualquier área de conocimiento, y no solo los negociadores internacionales. Es un tema que, pensando en un mejor relacionamiento y mejores resultados en las negociaciones con los grupos de interés, debe ser más cotidiano para todos. Más aun, cuando se trata de contextos como el de Cartagena, una ciudad en la que los sectores marítimo y portuario, hotelero y de turismo guían parte de la economía y motivan una constante interacción con personas de muchos lugares del mundo.
La interculturalidad es, incluso, una habilidad de liderazgo y de resolución de conflictos. Cuando las partes involucradas en una negociación están abiertas a la posibilidad de aprender y comprender a los demás, las relaciones profesionales y comerciales se nutren y se encaminan hacia una ruta de fortaleza y confianza. Sin la interculturalidad, poco o nada sería posible en un contexto global.
Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.
*Profesora de la Escuela de Negocios, Negocios, Leyes y Sociedad, UTB, vtordecilla@utb.edu.co.
