Una leyenda urbana promovida por Bacardí decía que una tarde calurosa el capitán Russel, a la sazón miembro de las tropas norteamericanas enviadas a Cuba para lograr la independencia de España, entró a un barcito en esas callejuelas perdidas de La Habana. Al llegar a la barra, la duda le corroía pues no sabía si pedir algo refrescante para mitigar la sed o un trago fuerte que aliviara la modorra de esas tardes inanes de La Habana y la nostalgia de su tierra. Total, que pidió una Coca-Cola y ron. No está claro si quería las dos bebidas mezcladas o por separado. El cantinero, entre asombrado y dubitativo, pensando tal vez en la herejía que iba a cometer, lentamente mezcló una medida del emblemático ron, producto de los autóctonos cañaduzales, con un buen chorro de la extranjera gaseosa y unas gotas de ácido limón. El mozo observó cómo el capitán chasqueaba los labios degustando la novedosa mixtura. El soldado atinó a brindar con ese grito de guerra con el cual trataban de expulsar a los españoles de la isla “¡Cuba libre!”. Así nació el famoso coctel. La paradoja en la mezcla se ve en todo lo que tiene que ver con Cuba.
Así, las dictaduras de Machado y Batista edificaron la más hermosa arquitectura del continente sobre la más abyecta corrupción y a expensas de la miseria del pueblo. El exclusivo barrio “El vedado”, cuyo perverso nombre era reflejo de la discriminación, la segregación y la miseria que motivaron y justificaron la revolución. Revolución que durante pocos años validó la represión y la censura con la envidiable mejoría de las condiciones de salud y educación. Cuando las utopías no habían muerto, Cuba era tan admirable como cuestionable. La trova y el son, tan autóctonos como Celina y su Changó, La Original de Manzanillo, Silvio Rodríguez y otros validaron la revolución mientras Celia, su Sonora y muchos más debieron huir de ella. Con el tiempo la revolución se prostituyó con la Unión Soviética y más tarde, con la Venezuela chavista para terminar destruyendo la última de las utopías que muchos oyeron en su Radio Rebelde. La tragedia cubana tiene tanto sabor, música, cultura, educación y salud al tiempo que abunda la represión y la pobreza... las mismas que pululan por el mundo actual. El desencanto de la revolución suena igual que la frustración de otros sistemas en los cuales abunda el libertinaje y pulula la injusticia social. Lo cierto es que, sometida a la ignominia del bloqueo y luego de más de 100 años, Cuba está lejos de ser libre. Lo decía Matamoros: “Aunque tú me has dejado en el abandono, aunque ya han muerto todas mis ilusiones, en vez de maldecirte con justo encono, en mis sueños te colmo, en mis sueños te colmo de bendiciones”.
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