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Columna

La fiesta de los piratas

“Cartagena de Indias es tan española como su fundación, su construcción y su esplendor mundialmente conocido...”.

Ensuncho De La Bárcena

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Cartagena de Indias celebra por estos días la fiesta de los piratas.

Hay que decirlo sin miedo. Tras siglos de constante acoso y saqueo intermitente, fueron los piratas ingleses y los corsarios franceses -enemigos de la Cristiandad y de España- quienes triunfaron en las guerras de secesión hispanoamericanas. Y luego crearon una narrativa de “independencia”, coherente con sus intereses espurios.

Cartagena de Indias es tan española como su fundación, su construcción y su esplendor mundialmente conocido. Como españoles somos todos los que hablamos español y profesamos sin complejos nuestra Fe en Jesucristo. Y no nos cansamos de decir que la época más brillante de nuestra Historia es la época Virreinal, cuando fuimos parte del gran Imperio Español presente en América, Europa, Asia y África.

Precisamente la Cartagena española es lo que destacó la UNESCO al inscribir en 1984 a nuestro “Puerto, fortalezas y conjunto monumental” en la Lista de Patrimonio Mundial. “Resguardado en una bahía del mar Caribe, el puerto de Cartagena posee el conjunto de fortificaciones más completo de toda Sudamérica. Un sistema de zonificación divide la ciudad en tres barrios diferenciados: el de San Pedro, con la catedral y numerosos palacios de estilo andaluz; el de San Diego, antiguo lugar de residencia de los mercaderes y la pequeña burguesía; y la barriada popular de Getsemaní” (Documento UNESCO). Y si esto es lo más notable que tenemos, ¿por qué insistimos en celebrar la “independencia” que nos llevó a la ruina, que nos hizo esclavos de Inglaterra y nos convirtió en prostíbulo de Estados Unidos?

Porque la fiesta de los piratas celebra la trata. El tráfico y venta de seres humanos como esclavos. Semejante ignominia es lo que se festeja en estos días en la antigua “Muy Noble y Muy Leal”. Y no estoy hablando del pasado, ni de “los años 1600”. Hablo del presente: un numeroso grupo de jóvenes, algunas de la ciudad y otras del país, se venden al mejor postor en un decadente espectáculo celebrado, aplaudido y viralizado. Lo peor es que se convirtió en símbolo de nuestra amada Cartagena de Indias. Donde la esclavitud es asunto presente. No solo en la miseria e informalidad laboral, sino en el subempleo y la prostitución de calle, hoteles y convenciones.

¿Quién iba a creer que esto ocurriría en la heroica ciudad que supieron defender el marino Blas de Lezo y el virrey Sebastián de Eslava, dos grandes españoles? Hay que decirlo sin ambages, la tal independencia fue una estafa. Impuso una lógica criminal en nuestro modelo de Estado y llevó a los peores al poder. Porque estamos mucho peor en manos de estos piratas y comerciantes sin escrúpulos. Herederos legítimos del innombrable “Libertraidor”, cuyo maligno espíritu los justifica.

¡Dios nos libre de esta inmundicia!

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