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Columna

Cartagena, el brillo no alimenta

“La ciudad debe priorizar infraestructuras menos fotogénicas, pero transformadoras. Nutrición infantil, comedores comunitarios…”.

JESÚS OLIVERO

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Cartagena convive con una contradicción brutal, es una vitrina mundial, pero con rezago social masivo. Según el DANE, para 2024, 41% de la población estaba en pobreza monetaria y 13%, en pobreza extrema. Así, cada peso público enfrenta una pregunta moral: ¿reducimos el hambre y generamos oportunidades, o compramos aplausos? El Distrito, en cabeza del alcalde y los concejales, destinó $197 mil millones para un malecón, y un alumbrado navideño por $19 mil millones. El primero brinda espacio público, turismo y empleo; el segundo, instantes de felicidad luego de subir la foto.

Para la mayoría es inversión. Desde mi perspectiva, despilfarro. La ciudad debe priorizar infraestructuras menos fotogénicas, pero transformadoras. Nutrición infantil, comedores comunitarios, lucha contra el VIH/SIDA, apoyo a gestantes y primera infancia, retención escolar, saneamiento básico, más sombras de árboles, menor contaminación, entre tantos frentes ávidos de atención, aunque no dan fotos perfectas, sí cambian biografías. La evidencia internacional, quizá poco consultada, sugiere que la inversión en desarrollo infantil temprano reduce desigualdad y rompe ciclos de pobreza intergeneracional, con beneficios en salud, aprendizaje y productividad futura.

El malecón es vendido como plataforma para recuperar playas, control de erosión y referente de belleza. El problema no radica en la obra, sino en la prioridad cuando la pobreza manda y la agenda social claudica. La historia arde en libretos para comprar calma con espectáculo y aplazar lo esencial. Nerón y la Domus Aurea, Versalles en bancarrota, Ceaușescu entre escasez y megalomanía estatal dibujada sobre privación social, Persépolis con cima de lujo y base abandonada. ¿En nuestra aldea, quién evalúa, con qué criterios, qué indicadores?

Muchos políticos ignoran que la pobreza no solo duele hoy, también dictamina el futuro. Estrés crónico, malnutrición y adversidad temprana dejan huellas biológicas medibles, marcas en el ADN y aceleración de la edad epigenética, es decir, aquella que muestra lo envejecidos que estamos según funcionan nuestras células. Estudios científicos han vinculado pobreza infantil y adversidad con perfiles epigenéticos alterados en adolescencia, envejecimiento más rápido y problemas de salud en adultez. La literatura también plantea rutas intergeneracionales de riesgo, por vías biológicas y sociales. Es simple: mantener la pobreza hoy equivale a fabricarla para mañana, y con intereses.

El llamado no es a discutir si el malecón o el alumbrado son importantes. Con 4 de cada 10 cartageneros en pobreza, el adorno nunca resulta neutral, podría parecer progreso, pero comunica abandono. Exijamos indicadores medibles y auditados en hambre, desnutrición, escolaridad, salud y empleo formal. Una ciudad no progresa por el brillo, lo hace cuando el hambre retrocede y el tejido social madura. Sobre esta base, turismo, obras y puestas en escena adquieren sentido y resultan sostenibles.

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