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Columna

2025: cuando el desarrollo dejó de ser discurso y empezó a medirse en el territorio

“El 2025 dejó una lección clara para Cartagena y Bolívar: el desarrollo no ocurre por inercia ni se decreta desde los escritorios...”.

Andrea Piña Gómez

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Cerrar un año no es solo hacer balances. Es, sobre todo, preguntarnos qué aprendimos y qué estamos dispuestos a cambiar.

El 2025 dejó una lección clara para Cartagena y Bolívar: el desarrollo no ocurre por inercia ni se decreta desde los escritorios. Se construye cuando las decisiones se toman con evidencia, con presencia en el territorio y con una visión compartida de largo plazo.

Durante años hablamos de competitividad como un concepto abstracto, asociado a rankings, eventos o grandes proyectos. Este año entendimos que la verdadera competitividad empieza en lo básico: en el pequeño negocio que sobrevive sin acceso a crédito, en el emprendedor que no logra formalizarse, en la empresa que quiere crecer pero no encuentra acompañamiento técnico. Ahí está el verdadero termómetro del desarrollo.

Los datos son elocuentes. A noviembre de 2025, Cartagena y su jurisdicción registraron más de 40.000 empresas activas, con 9.005 nuevas empresas creadas, un crecimiento cercano al 5 % frente al año anterior. Pero detrás de esas cifras alentadoras, el censo empresarial nos mostró una realidad que no podemos ignorar: más de la mitad de las unidades productivas no ahorra, no paga prestaciones sociales, no lleva contabilidad formal y enfrenta barreras estructurales para acceder a financiamiento y capacitación.

Esa brecha entre el potencial económico y la realidad empresarial fue el punto de inflexión del año. Por eso, 2025 marcó un cambio de enfoque: dejar de pensar el desarrollo como una suma de programas aislados y empezar a gestionarlo como un sistema empresarial territorial, donde cada empresa importa y cada municipio cuenta.

La regionalización dejó de ser una intención y se convirtió en estrategia. Llegamos a los barrios y municipios, abrimos y fortalecimos Centros Integrales de Servicios Empresariales, levantamos información de más de 10.000 unidades productivas, y acompañamos trayectorias reales de crecimiento. No se trató solo de atender empresas, sino de entenderlas: saber quiénes son, qué saben hacer, qué les falta y qué las limita.

Desde esa lógica, la movilidad empresarial se consolidó como eje. Acompañamos a más de 9.900 empresas y emprendedores, desde la economía popular hasta procesos de reindustrialización, innovación y acceso a mercados. Porque no todas las empresas están en el mismo punto del camino y no todas necesitan lo mismo. La política empresarial eficaz es la que reconoce esas diferencias y actúa en consecuencia.

El 2025 también confirmó que la competitividad no es solo local. La creación del Hub Caribe Competitivo, la consolidación de seis clústeres empresariales, el reconocimiento nacional del clúster marítimo y la proyección internacional de Cartagena en escenarios como el Foro Económico Mundial evidencian que la ciudad tiene con qué jugar en ligas mayores, siempre que lo haga con estrategia y articulación.

Pero quizá el mayor aprendizaje del año es este: no hay desarrollo económico sostenible sin desarrollo social, ni competitividad posible sin inclusión. Las brechas en capital humano, formalización, infraestructura y sostenibilidad siguen siendo los grandes retos. Resolverlos exige liderazgo, continuidad y una alianza real entre lo público, lo privado y la academia.

Cerrar 2025 no es un punto final. Es una línea de partida.

Si algo dejó claro este año es que cuando el territorio se piensa como región, cuando las decisiones se toman con datos y cuando el empresario siente que no está solo, el desarrollo deja de ser promesa y empieza a convertirse en realidad.

Ese es el verdadero balance. Y también el mayor compromiso hacia 2026.

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