“Se equivocó la paloma. Se equivocaba. Por ir al Norte, fue al Sur. Creyó que el trigo era agua. Creyó que el mar era el cielo; que la noche, la mañana. Que las estrellas, rocío; que la nevada, la gracia”: Rafael Alberti, poeta español.
Nunca antes la existencia humana se había visto tan constreñida por el ideal inhumano de la perfección. En la actualidad, desde la niñez hay un sometimiento exacerbado, de figurar ante los otros como maravillosos, sobre todo si nuestras vidas son expuestas en redes sociales.
No obstante, con satisfacción inexplicable, casi liberadora, me encontré con un filósofo, biólogo y escritor chileno, reconocido mundialmente por desarrollar la teoría de la autopoiesis, concepto esencial para entender la organización de los seres vivos como sistemas que se autoproducen. Ganó el Premio Nacional de Ciencias en 1994, con un trabajo que trascendió la biología, influyendo también en la filosofía, las ciencias sociales y la educación, ya que desarrolla una reflexión novedosa sobre el conocimiento, el lenguaje y la construcción de la realidad. Humberto Maturana manifiesta que existen tres nuevos derechos humanos fundamentales, que no se basan en normativas legales, sino en la biología del amor y el respeto por el “otro como un legítimo otro”: el derecho a cambiar de opinión, el derecho a equivocarse, el derecho a irse.

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ALFREDO RAMÍREZ NÁRDIZA decir verdad, siempre me ha parecido desgastante mantener una opinión como verdad inmutable, ya que reconocer el error permite corregir el rumbo y fomenta la humildad en el conocimiento como base del aprendizaje e innovación.
Hay una frase del poeta Alexander Pope, “Errar es humano, perdonar es divino, rectificar es de sabios”, en la que la flexibilidad mental determina la evolución personal. En un mundo que castiga la contradicción, Maturana sostiene que cambiar de parecer es una muestra de crecimiento y de apertura a nuevas realidades.
No obstante, la importancia de los anteriores derechos, para mí la libertad de abandonar un lugar o una relación donde uno ya no es respetado o donde el bienestar personal está en riesgo, sin que ello sea motivo de ofensa o castigo social, establece un cambio de paradigma sin precedente dentro de la sociedad actual.
Para Humberto Maturana estos principios son esenciales para la democracia y la cooperación. Al permitir que las personas se equivoquen, cambien y se retiren, se elimina la cultura de la negación y el miedo, permitiendo que surja una comunidad basada en la confianza y la reflexión, en lugar de la obediencia ciega o la exigencia de verdades absolutas.
Esta propuesta nos invita, este 2026, a repensar nuestras organizaciones y vínculos personales como espacios donde el error y el cambio sean valorados como partes constitutivas de la vida misma.
*Abogada.