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Columna

Politizar la historia: Sheinbaum vs. Ayuso

“Lo preocupante de este episodio entre las dos gobernantes es la constatación de cómo la historia puede ser un instrumento arrojadizo en las disputas políticas...”.

Alfredo Ramírez Nárdiz

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La semana pasada la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, viajó a México invitada por autoridades locales y participó en diversos actos públicos. Como viene siendo habitual en ella, y como era previsible, hizo girar gran parte de su discurso en una reivindicación de la figura de Hernán Cortes, de la Conquista y de la hermandad entre españoles y mexicanos. La respuesta de la presidenta de México fue casi inmediata y de carácter bastante hostil, pues es bien sabido que su perspectiva de la historia común de ambos países es diferente y muy crítica hacia aquellos fenómenos que Ayuso ensalza. La tensión escaló, hubo algún que otro incidente y, finalmente, la presidenta regional de Madrid canceló su visita y volvió a España.

Más allá de entrar a valorar quién tiene razón en su opinión sobre la Conquista, si Ayuso, si Sheinbaum, lo preocupante de este episodio entre las dos gobernantes es constatar cómo la historia puede ser un instrumento arrojadizo en las disputas políticas y cómo en el presente vuelve a serlo cada vez más. Vaya por adelantado: si la historia prueba algo, es que nunca ha sido buena idea meter la historia en la política. La política, en un contexto democrático como es y debería ser el actual, y por más que tantos de nuestros líderes actúen en sentido contrario, no es más que la gestión de lo público con la voluntad de conseguir la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. La política ya no trata de lograr grandes objetivos existenciales: épicas conquistas, victorias guerreras, triunfos de esta o aquella ideología. La política en una democracia es algo mucho más pragmático y aburrido: gestionar bien.

Por eso, enfangarse en disquisiciones sobre lo que ocurrió hace 500 años y pretender obtener consecuencias para el presente es absurdo. Rusos que se consideran autorizados a invadir a sus vecinos porque hace siglos formaban el mismo imperio, israelíes e iraníes que se odian porque sus antepasados se odiaban hace milenios, latinos que culpan a los españoles de sus desgracias actuales cuando hace dos siglos que se independizaron o españoles que ven a los latinos como coloniales a los que mirar desde la superioridad… Nada de todo esto tiene el menor sentido. Utilizar la historia con fines políticos es populismo, pues no es más que azuzar las bajas pasiones de los pueblos, se haga en una dirección u otra. Y no es para lo que se paga a los políticos en una democracia.

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