Por: Diana Paola Martínez Berrocal
Como ciudadanos, tenemos la necesidad de pensar en lo que está pasando; lo que está en juego es algo que nos afecta a todos y nos compromete a todos. Y realmente resulta muy preocupante la dinámica en la que se está desarrollando la carrera hacia la Presidencia de la República. Todavía no he escuchado a un candidato o candidata hablar de una visión colectiva de país; de proyectos que involucren soluciones viables a los problemas que hoy enfrenta Colombia. Lo que tenemos es una competencia de egos, de ataques, de insultos… una gritería, un fuego constante que no está centrado en nada y se quema a sí mismo y por supuesto, quema al país.
La estrategia política está basada no solo en dividir, sino además en sembrar odio. “Si no estás de mi lado, estás contra mí”. Candidatos (de todos los espectros políticos) que enfrentan a una parte del país con la otra parte del país, sin ser conscientes de que van a gobernar para todos; cuando en una democracia la política necesita convergencia, la complicidad de los demás, que la negociemos entre todos para lograr aunar las posiciones encontradas. Solo así se logra la verdadera gobernabilidad.
Necesitamos ideas y propuestas para colocarlas en el centro de un debate y discutirlas. “Discutere”, en latín, es tirar de un árbol o una planta para ver si tiene raíces, y para ver si está enraizado en la realidad o no. Por lo tanto, discutir una idea es ver si tiene raíces en la realidad o no y esa discusión es fundamental en la democracia; para que, al final, prospere la defensa de los derechos humanos por encima de las ideologías políticas. No todo de un lado es malo, ni tampoco todo del otro lado es bueno (del mismo modo en sentido contrario), pero seguir posturas radicales por fidelidad a un dogma es absurdo; la fidelidad es hacia las ideas. Hay una respuesta magistral de Winston Churchill (quien cambió un par de veces de partido en Inglaterra) y a propósito de ello, le dijo un periodista: “Ah, pero otra vez ha cambiado usted de partido”. Y él le respondió: “Sí, es que prefiero cambiar de partido que de ideas”. De alguna manera, se pueden cambiar las fidelidades políticas, pero hay fidelidades a unos principios que no son negociables. Y a partir de allí debemos comenzar a pensar qué es lo que queremos. Porque la narrativa del debate no es que se descuarticen los candidatos. Es tener las herramientas para poder determinar quién de ellos tiene la legitimidad, la idoneidad y la capacidad de ejecución para afrontar los problemas estructurales del país.
Por eso comulgo con esta frase de Galeano: “Gobernar es educar y enseñarle a todo un pueblo a soñar colectivamente un mejor futuro. Entendiendo por futuro no lo que esperamos, sino lo que a partir de hoy estamos construyendo”.
