En septiembre de 1952, el periodista bogotano Jorge Cavarico Briceño publicó el texto ‘Las categorías del público en Colombia’, en la revista mexicana Cinema Reporter, categorías organizadas según clase, nivel educativo y gusto cultural. También consideraba de avanzada las películas europeas o norteamericanas, y atrasadas las películas mexicanas.
Y escribió: “En Bogotá y en general en el resto de Colombia el público está dividido en tres categorías: el selecto (intelectualizado), el mediocre (elementos casi en su mayoría parte de la clase media) y el bajo de las clases incultas. Cuando se trata de un cine como el mexicano, que tiene señaladas características por razones que a nadie se ocultan, es claro que el éxito es mayor entre las dos últimas clases de público que entre el cultivado. Comparado con producciones de otras latitudes, EE.UU. de N.A. produce una serie de películas que materialmente jamás alcanzarán su grado de concepción artística de las obras filmadas en Europa. Argentina, por su parte, probablemente poseída en todo sentido por su medio europeizado, filma películas de cierta calidad que merecen el aplauso de las clases elevadas. ¿Es esto, en el caso del cine mexicano, una deficiencia o sencillamente una resultante de cierto sentido marcadamente nacionalista de los hoy descendientes de los aztecas? Concluyendo, para no hacerme muy largo, debo decir que al cine mexicano le hace falta universalidad. El día que logre esto verá que el termómetro de su categoría alcanzará niveles iguales a los de cualquier otro país que cuente con industria cinematográfica”.
Esta visión arribista y eurocéntrica era manifestada en Cartagena por ciertos miembros de la clase letrada, haciendo llamados al orden y la decencia. Se asociaba el cine mexicano a la conducta licenciosa y como elemento corruptor de la juventud.
“Si el señor Alcalde se diera una vuelta por la avenida del Pie de La Popa, vería lindezas, por ejemplo en los innumerables estanquillos que florecen a lo largo de dicha avenida -desde la esquina de la brisa hasta el caimán- vería, a toda hora del día y de la noche, grupos de ociosos, menores de edad en su mayoría, sujetos sin oficio conocido, pero que siempre disponen de dinero para jugar al billar, trasegar sus copas y... rendir culto a la nefasta yerba ‘verde, neumónica, canabis, índica -ex ‘babilónica’, introducida a nuestro país, junto con las malas películas de Méjico, el Méjico falso de los ‘jorgenegretes’, los horribles corridos y los pésimos chistes cinematográficos”: Donaldo Bossa Herazo, seudónimo: ‘Ranger’ (El Universal, febrero 15 de 1950).
Cavarico y Donaldo Bossa desconfiaban del pueblo y lo consideraban incapaz de modernizarse, es decir, adherirse a los patrones de la cultura letrada y europea; siendo que, el cine es el arte popular por excelencia del siglo XX.
