No encontré un nombre mejor para titular esta columna, que se referirá al proceso electoral en Colombia. En la actualidad no hay partidos. Hay nombres rebuscados, siglas y slogans parecidos a los de los refrescos famosos que pretenden acaparar la atención del votante atrayéndolo con palabras rebuscadas.
El tema de las consultas se ha vuelto un proceso cómodo para los candidatos, pero excesivamente caro para los colombianos. Estos procesos financiados por el Estado implican altos costos operativos, logística y reposición de votos. Dice la Registraduría que todo esto puede superar los 200.000 millones de pesos y se han mencionado cifras de hasta 700.000 para procesos populares que impactan el presupuesto nacional.
Antes, las “consultas” eran un tema interno de los partidos políticos donde decidían quién sería su representante. Ahora, utilizan dineros públicos para financiarse mientras se cuentan públicamente. Cualquier sector puede participar desenfocando el interés real del “movimiento político”. No hay solidez ni forma de filtrar los seguidores reales. Las personas pueden votar en todas las consultas sin simpatizar con los postulados. Los partidos o movimientos que opten por este mecanismo reciben financiación mediante el sistema de reposición de gastos por los votos depositados. En la Constitución de 1991 la consulta abierta quedó consagrada como mecanismo legítimo, sin que nadie preguntara si tenía coherencia institucional ni como funcionaría en un sistema de partidos que siempre le buscan la comba al palo para beneficiarse.
Cuando no hay forma de ser reconocido dentro de una colectividad, los candidatos se van a la recolección de firmas. Allí también se logra captar la atención de descuidados que ponen su rúbrica en varias planillas mientras los recolectores se paran en centros comerciales y calles transitadas. Tampoco es un secreto que hay firmas especializadas en espigar como negocio. Al final, la reposición de votos es una forma de que los ciudadanos paguemos las campañas de cualquiera que se crea capaz de gobernar al país.
Colombia no tiene partidos políticos con programas, ni estructuras. Tiene candidatos sueltos, coaliciones improvisadas y egos personales. El sistema de incentivos hace la labor: lanzarse por cuenta propia es muy sencillo y someterse a la obediencia de un partido es un complique.
Por orden de la Constitución y las famosas consultas, a los mayores de edad nos quedan unas cuantas salidas a votar antes de julio.
El domingo 8 de marzo deberemos ir a las urnas para elegir senadores y representantes a la Cámara. En esta misma fecha también se realizan consultas populares interpartidistas para definir candidatos presidenciales de algunos movimientos políticos. El 31 de mayo será la primera vuelta presidencial. El domingo 14 de junio, si ningún candidato obtiene más del 50% + 1 de los votos, se realizará la segunda vuelta electoral entre los dos aspirantes más votados.
El 8 de marzo, el único costo real de la consulta es político: se estará ayudando a definir qué proyecto llegará fortalecido a la contienda presidencial.
