Me duele profundamente que el ambiente en nuestro país de cara a las elecciones presidenciales siga ensombrecido por candidatos que sigan desplegando toda cantidad de ataques contra la Justicia Especial para la Paz (JEP). Entiendo que para muchos aún carezca de legitimidad por ser el componente judicial del Sistema Integral para la Paz, creado por el Acuerdo Final de Paz que firmaron el Gobierno nacional y las Farc-EP y por no lograr la refrendación popular que se esperaba con el plebiscito; pero me niego a aceptar que se desconozcan los efectos restaurativos y de reparación que han traído a un importante sector de la sociedad: las víctimas. Basta con escuchar el renovado interés ‘desmantelar’ la JEP por personas como Paloma Valencia, quien insiste no solo en calificarla como “vergonzosa”, así como insistir en la molestia de que allí “se equipare las Fuerzas Armadas con los guerrilleros, como si todos fueran delincuentes”. ¡Y es cierto: no son iguales! De un lado teníamos una guerrilla, un grupo ilegal del cual se esperaban acciones ilegales y clandestinas en contra del orden jurídico y político vigente; y del otro lado, el Ejército, al que le entregamos el monopolio del uso de la fuerza para que -en el marco de la legalidad- garantizara los derechos y bienes de los ciudadanos y resultó haciendo lo contrario. Estos días de Audiencia de consolidación de verdad y medidas de reparación han sido poderosos. Germán León Duran, compareciente de las Fuerzas Militares, después de escuchar a las víctimas, desistió de negar su responsabilidad y ahora aporta a la verdad de crímenes sucedidos en Casanare. Dice que entendió que era obligatorio y esencial saber quiénes eran las víctimas y conocer a sus familiares. Vimos también a una madre de Santa Ana (nororiente antioqueño) abrazar y perdonar a otro compareciente, quien cayó al suelo y rompió en llanto al reconocerle haberle arrebatado su ser amado sin ninguna causa real y limpiando el nombre de esos “falsos positivos” que aún quieren negar estos politiqueros y mercaderes de la “justicia”. Esto, sin duda alguna, no sucedería en la jurisdicción ordinaria. Yo le ruego, querido lector, no que esté de acuerdo conmigo, sino que se dé la oportunidad de ver las audiencias y lo que allí sucede con las víctimas de todos los comparecientes y máximos responsables y ahí sí, exprese con claridad si la JEP aporta o no a la verdad, la justicia, la reparación y la restauración de nuestro país. Tal y como expresó otra víctima en esta audiencia: “Elijo no deshumanizarlos, aunque lo que hicieron fue profundamente inhumano, porque reconocer su humanidad también implica exigirles responsabilidad real, conciencien transformación real”.
