“Aún es de noche en Caracas” no solo es una película; es el espejo de la peor pesadilla que puede sucederle a una democracia. Narra la usurpación de apartamentos a sus poseedores legítimos por bárbaras milicias empoderadas por la “revolución bolivariana”, aprovechando las protestas de los venezolanos entre marzo y agosto del 2017, suscitadas por las precarias condiciones de vida y la pérdida de los derechos fundamentales. El film condensa la tragedia colectiva de millones que tuvieron que huir de la represión estatal y para-estatal muchas veces; solo por el pecado de poseer una propiedad en una sector de estrato 3 ó 4, que los colectivos se repartieron a ultranza; sus propietarios resultaron desplazados, y algunos, acusados falsamente, cayeron en manos del régimen de terror; son: maestros, columnistas, periodistas o simples ciudadanos detenidos sin fórmula de juicio, simplemente por opinar diferente.
Esta etapa corresponde a lo que Marx llamó la Dictadura del proletariado o del pueblo, en la que las libertades democráticas son suspendidas; según él, es necesario para suprimir el capitalismo e instalar una sociedad sin clases. La migración masiva venezolana aparece aquí como efecto directo de una política que desmanteló instituciones, anuló la propiedad privada, estimuló la violencia y convirtió la vida cotidiana en moneda de cambio. Cuando la casa deja de ser refugio, cuando el Estado delega su poder coercitivo a milicias y redes clientelares, la ciudadanía se fragmenta y la gente sale a la calle con una maleta y una memoria rota. Psicológicamente, el desarraigo deja ansiedad, duelo prolongado y una identidad en tránsito.
En Colombia, entre abril y agosto del 2021, tuvimos una muestra protagonizada por la Primera Línea -colectivos de manifestantes encapuchados-, se ubicaban a la vanguardia de las marchas, supuestamente para confrontar a las fuerzas de seguridad, pero indudablemente con la planeación y la intención de producir daños en la propiedad pública y privada. Todo con el respaldo ideológico de nuestro presidente, quien todavía parece considerarlos una fuerza de choque a su servicio cuando lanza amenazas como: “Nos vemos en la calle”. No podemos olvidar los intentos de invasión a los conjuntos residenciales en Cali y la valiente resistencia ciudadana, tildada de paramilitar por quienes no solo atacan, sino que no quieren que haya una legítima defensa.

Trump se reunió con Xi: más cálculo que cambio de rumbo
Hans BlumenthalPreocupa el escenario ambientado para desconocer los resultados de las próximas elecciones si pierde el favorito de Petro; desde ya observamos señales que intentan deslegitimar a la Registraduría, anticipando la generación del caos mediante el uso de la primera línea, las mingas indígenas y otros colectivos. ¿Tendremos entonces un decreto de Estado de Excepción, una Asamblea Constituyente y el llamado a nuevas elecciones? -¡Que no nos coja la noche!
*Psiquiatra.
