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Columna

La insoportable levedad… de las redes

“Así que, antes que inmediatizar en redes, a Alba Lucía, reconocida por su activismo en pro de un Tolima que “merece más” –algo encomiable–, le aconsejo investigar el sacrificio clandestino en su departamento…”.

JOSÉ FÉLIX LAFAURIE RIVERA

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La alusión a Kundera aplica a la también insoportable superficialidad de las redes, a propósito de un video en el que dos hermanos vinculados a la cadena cárnica, con familia ganadera y expendio de carnes en Ibagué, terminan replicando los argumentos de Petro contra las exportaciones cárnicas.

Alba Lucía García es una joven tolimense, exdirectora de Fenalco y exsecretaria de Desarrollo de Ibagué, con asomo político y gran actividad en redes. No le adjudico mala intención, pero cuando se riñe con la verdad sumándose, aun sin querer, a los ataques a Fedegán y la ganadería, defiendo la reputación del gremio y de 700.000 ganaderos, ya víctimas de abandono rural, violencia y estigmatización gubernamental.

“Las exportaciones de carne no pueden seguir”, dijo Petro. “Los extranjeros nos están dejando sin carne”, dijo Alba Lucía. No es cierto. Las de carne en 2025 representaron el 4% de la producción y las de animales el 0,7% del hato, lo que no afecta el abastecimiento.

Sin embargo, el hermano se atrevió a más: “Estamos hablando de 300%, 400%” de aumento en exportaciones, dijo, lo cual no solo es falso, pues en los últimos años han caído, sino que utiliza una gráfica con logo de Fedegán, que no es oficial; situación sobre la cual sí exijo disculpa y rectificación.

“Estamos acabando nuestro hato”, dijo Petro. “Se está acabando el ganado”, dijo Alba Lucía. No es cierto. Nuestro hato sigue creciendo.

“No tenemos excedentes de carne”, dijo Petro. “En Colombia no hay carne”, dijo Alba Lucía. No es cierto. Con 812.000 toneladas, la producción de carne en 2025 aumentó 7,8%, porque el sacrificio formal, con 3.486.000 cabezas, también creció 6,3%. La producción de carne y el sacrificio crecieron porque creció la demanda, pues el consumo per cápita pasó de 17,6 a 18,4 kilos, y cuando eso pasa el precio sube, una tendencia económica a la que se sumó el alza en costos y mano de obra. Así que, antes que inmediatizar en redes, a Alba Lucía, reconocida por su activismo en pro de un Tolima que “merece más” –algo encomiable–, le aconsejo investigar el sacrificio clandestino en su departamento, un problema estimado en más de 1.100.000 reses a nivel nacional; además de la supervisión de las secretarias de salud al expendio de carnes y el impacto del cierre de plantas municipales por el INVIMA, sin alternativas para el sacrificio formal.

Quizás allí encuentre respuestas ajustadas a la realidad, sin afectar la cadena de valor de la que su familia hace parte.

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