Columna

La guerra contra el hueco

“Zaragocilla necesita una intervención coordinada y urgente para cambiar la realidad de los alrededores de su hospital y universidad…”.

JESÚS OLIVERO

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Frente al campus de Zaragocilla de la Universidad de Cartagena y al Hospital Universitario del Caribe hay, desde hace meses, una alcantarilla abierta. Es real, parece una herida urbana en la puerta misma de dos instituciones que deberían ser motivo de orgullo distrital. No puede tolerarse el deterioro ambiental y paisajístico a metros del hospital público de mayor capacidad instalada en Bolívar y junto a un campus universitario donde estudian miles de jóvenes.

La Alcaldía anunció una “Guerra frontal contra los huecos”, pero aplicarla a vías de exhibición y rédito político es propaganda, no gobierno. El Distrito ha visitado e incluso priorizado la intervención, pero nada. Gobernar no es escoger qué arreglar para la foto, gobernar es intervenir primero donde el abandono castiga todos los días la vida ordinaria. El hueco no está solo, es el síntoma más visible de un deterioro más amplio: suciedad, desorden, improvisación, malos olores y una pobreza ambiental depresiva en una zona que debería ser ejemplo de cuidado urbano. El punto no es despreciar a los vendedores informales; es exigir que el Estado ordene, limpie, proteja y dignifique ese espacio sin humillar a nadie. Lo indecente no es la pobreza de la gente, es la indiferencia pública frente a ella.

La Universidad de Cartagena no puede quedar sola en esta tarea. A Zaragocilla debemos abrazarla como un corredor de salud, conocimiento, investigación y movilidad social. Si la ciudad imagina un malecón como espacio de calidad, debe y puede materializar una entrada universitaria peatonal con arquitectura artística, edificio de parqueaderos, árboles, andenes, iluminación, limpieza y seguridad permanente. Para una universidad que atiende a jóvenes de estratos bajos, la dignidad del entorno no es un lujo estético, es una forma concreta de equidad. Construyan y doten megacolegios con los préstamos multimillonarios, pero no los vendan como redención educativa mientras el acceso a la universidad pública y al hospital permanece en ruina. Si el trayecto hacia el estudio parece derrota, el discurso del progreso y la “superciudad” pierde verdad.

Esta columna es una súplica a destinatarios concretos, los gobernantes de turno. Zaragocilla necesita una intervención coordinada y urgente para cambiar la realidad de los alrededores de su hospital y universidad. Aquí no basta con señalar al alcalde, gobernador, ediles y otras autoridades sectoriales, hay que exigir compromisos a todos los actores y tomar decisiones contundentes que mejoren nuestra realidad cotidiana.

Dejemos de acostumbrarnos a la indignidad frente a las instituciones más útiles. La guerra contra los huecos debería empezar por este absurdo, pero no solo para taparlo, debemos corregir la escala de prioridades de una ciudad que no requiere más fotos sino soluciones. Cuando una sociedad tolera una alcantarilla abierta a las puertas de su universidad pública y de su principal hospital, el hueco más grave ya no está en la vía, está en su conciencia colectiva.

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