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Columna

La Cartagena de Dumek

“Lo que pudimos observar fue a un gran líder que se preparó para gobernar su ciudad…”.

Eduardo Durán Gómez

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Recientemente me correspondió participar de una reunión y posterior almuerzo, en los que el centro de atención de dichos eventos fue el alcalde de Cartagena, Dumek Turbay.

Observé a un líder lleno de energía y optimismo, que le explicaba a un grupo de observadores internacionales sobre los proyectos de transformación de la ciudad.

Oírlo hablar del Plan de Protección Costera, de Gran Malecón del Mar, de la adecuación de los espacios turísticos, del transporte público fluvial, de la recuperación de El Laguito, de los proyectos viales y de otra serie de iniciativas era realmente sorprendente.

Lo que pudimos observar fue a un gran líder que se preparó para gobernar su ciudad: conociendo los problemas, haciendo planeación estratégica para solucionarlos y gestionando recursos para financiarlos. Pero, sobre todo, me sorprendió la gran capacidad de conexión con la gente. Cuando sale a la calle los transeúntes lo quieren saludar, lo quieren sentir cerca, desean transmitirle sus inquietudes y también le quieren hacer sentir su gratificación por lo que está haciendo, pues todo ya es notorio en los avances de obra por toda la ciudad.

Además, estos frentes han fomentado el empleo, han dinamizado la economía y han sabido sembrar el optimismo durante tantos años perdido.

El modelo de Dumek Turbay merece ser estudiado y evaluado en toda su dimensión: supo rodease de gente trabajadora y carismática, que a la par con él, marchan a buen ritmo, hacen avanzar los proyectos, y vigilan la calidad de su ejecución, así como la transparencia de la actuación.

Cartagena es una joya de todo el Caribe, es, sin duda, un referente mundial por todo su pasado histórico y por el legado español que se traduce en sus murallas y en las edificaciones, hoy mayoritariamente restauradas, lo que significa un atractivo cada vez más apreciado, razón que ha comprometido a los inversionistas turísticos para que traigan sus capitales y desarrollen proyectos de envergadura, como el gran hotel Four Seasons que todos queremos conocer, convertido en toda una sensación arquitectónica, además de múltiples proyectos que quieren aterrizar en una ciudad que exhibe empuje, buen manejo y excelentes perspectivas.

Un buen alcalde es sin duda una enorme fortuna para cualquier ciudad, pues en un cuatrienio es posible hacer mucho, pero también resulta ser la ocasión para retroceder y dejar las aspiraciones de la ciudadanía aplazadas y frustradas cuando no se cumple la tarea, o cuando se mezclan factores perturbadores como la desidia y la corrupción. Buen viento y buena mar para nuestra amada ciudad.

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