comscore
Columna

Argentina: La jerarquía que nos obligó a callar

Tras el partido contra Inglaterra, queda claro que, más allá de sospechas y polémicas arbitrales, lo que define a los campeones es una jerarquía que no admite discusión.

Juan Dosa Acevedo

Compartir

El pasado 15 de julio, mientras observaba el encuentro entre Argentina e Inglaterra, me sorprendí a mí mismo, como a tantos otros contradictores, guardando silencio. Quedamos con la boca cerrada, no por falta de argumentos, sino por una evidencia abrumadora: la jerarquía de un equipo que lucha hasta el último segundo por un sueño que, al parecer, se materializará este domingo 19 de julio.

Es necesario ser honestos. Durante este Mundial, muchos hemos mirado con escepticismo el camino de la selección argentina. Decisiones arbitrales sospechosas, una fase de grupos que muchos tildaron de cómoda y una ruta hacia la final que parecía envuelta en un halo de favoritismo de la FIFA. Sin embargo, el desempeño de ayer contra Inglaterra nos dio una lección de humildad deportiva: la ayuda, si acaso existe, resulta irrelevante cuando el equipo posee una convicción de hierro.

Lo que vimos en la cancha fue garra; esa misma garra que, a decir verdad, nos faltó a nosotros. Mientras Colombia parecía quedarse en el “creer” —teniendo todo para disputar esos cuartos de final que anoche le habrían permitido estar en la final—, Argentina ejecutó. La selección de Scaloni y Messi no solo juega; compite con una ambición que nos obliga a reconocer que estamos ante una hazaña histórica. Ya no estamos ante la sombra de Maradona en el 86 o el 90; estamos ante la era de Messi, superando sus propios hitos y buscando ese lugar en el Olimpo que solo unos pocos han rozado.

Muchos expertos ya se atreven a decir que esta selección argentina es superior al Brasil de Pelé, dado su dominio absoluto en cuanto torneo disputan, incluyendo esa Copa América de 2024 donde Colombia, con dolor, vio escaparse la gloria. Nos desinflamos en el camino, es cierto, y eso es una lección que debemos aprender si queremos dejar de ser espectadores de la grandeza ajena.

Honrar al rival es un acto de caballerosidad, aunque no sea sencillo. Por coherencia histórica y una sana rivalidad, mi corazón seguirá apostando por España el próximo domingo, sabiendo de antemano que es una causa perdida. Al final del día, el fútbol tiene esas ironías: puedes admirar profundamente la jerarquía, la garra y la capacidad ejecutora de un equipo, aunque, a veces, la amabilidad no sea precisamente el rasgo que defina a sus protagonistas.

Argentina es, hoy por hoy, un monumento a la fe en sí mismos. Y aunque nos cueste admitirlo, el domingo no solo se jugará un título, sino la consolidación de un equipo que, con o sin ayuda, ha demostrado que sabe cómo ganar cuando la historia lo llama.

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News