Nacer en un hogar donde resonaba la máxima del expresidente Guillermo León Valencia, abuelo de Paloma Valencia: “La verdad debe decirse siempre al pueblo, aún a riesgo de que sea conflictiva…” imprime, sin duda, un sello de honradez política. Ese legado lo ha recogido Paloma Valencia, quien lo ha traducido en una trayectoria en la que la integridad ética prevalece sobre la demagogia populista.
Criada en el seno de una familia conservadora y católica, Paloma Valencia Laserna creció en un ambiente de pluralismo real. Su abuelo paterno, el presidente Guillermo León Valencia, fue un conservador de armas tomar; su tía abuela Josefina Valencia, anapista de tiempo completo, gran defensora de los derechos de la mujer, fue la primera ministra de Educación del país y la primera gobernadora del Cauca; su tío Álvaro Pío Valencia, precursor del pensamiento marxista en Colombia, fue comunista de compromiso total. Todos, sin embargo, se toleraron y convivieron en armonía política y familiar. Refiriéndose a sus mayores expresó: “Eran capaces de empatizar y de respetar el hecho de que cada uno viera una Colombia diferente”.
Por la línea de su abuelo materno, Mario Laserna Pinzón, se reafirma ese legado político e intelectual. Filósofo, humanista, matemático, educador, fue Rector de la Universidad Nacional y senador del M19. Con el apoyo personalidades de la comunidad internacional, como fueron, entre otros, Albert Einstein, John von Neuman, Arnold Toynbee y la compañía de prominentes figuras nacionales, funda la Universidad de los Andes, la primera institución de educación superior privada en Colombia, humanista, laica e independiente de los partidos políticos y el gobierno.
De la herencia de sus ascendencias surge esa formación en Paloma, donde la diferencia no excluye, sino que enriquece. Este ha sido el espíritu que ha formado el ADN de su mentalidad política abierta.
Casada con un “mamerto”, como ella misma califica a su esposo, el economista de Stanford Tomás Rodríguez Barraquer, solo evidencia que la discrepancia política también puede convivir en la intimidad de su hogar.
En el 2024 la invité, como presidente de la Academia de la Historia de Cartagena, al foro de los 130 años de la muerte de Rafael Núñez. Quedé impresionado con su conferencia al escuchar el total dominio que tenía sobre el cartagenero. Ante tal conocimiento, le expresé que además de nuñófila, como me lo había revelado, también era nuñóloga. Al finalizar su disertación, anunció que presentaría un proyecto de ley de honores para Núñez, promesa cumplida que hoy es una realidad: Ley 2554 de 2025.
¡Paloma, presidenta! ¡Tu candidatura se multiplica como las palomas de maíz, cuando el fuego de la política las calienta! ¡Cartagena te estará siempre agradecida por la Ley de Núñez!

