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Columna

El hipopótamo atravesado

“Sería importante que, de una vez por todas, se estructurara una ley marco para el medioambiente…”.

Eduardo Durán Gómez

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Lo que está ocurriendo con los hipopótamos que trajo de África el narcotraficante Pablo Escobar y que ubicó en la zona del Magdalena Medio no es más que el reflejo de la precariedad con que suelen actuar las entidades ambientales, que terminan dando toda clase de vueltas alrededor problema y no solucionan nada.

Hace años se está hablando de todo lo que ha significado la presencia de esos voluminosos y peligrosos ejemplares liberados en un territorio que no era apto para convertirlo en su hábitat, por todo lo que significa su interferencia con el medioambiente y por el peligro para los habitantes de la región afectada. Sumado esto, lo que representa su reproducción, pues ya no es la presencia de cuatro ejemplares, sino de más de 200, y que a ese ritmo pronto podrán llegar a 500.

El problema se hubiera resuelto esterilizando oportunamente a los ejemplares, pero eso no ocurrió; tampoco la delimitación de su espacio, y ni si siquiera la posibilidad de ofertar oportunamente la adquisición de algunos ejemplares por parte de otros países.

Hoy estamos enfrascados en el “no se puede”, como suele ocurrir con la mayoría de los problemas en este sector, mientras la frustración de los afectados crece sin tener ninguna respuesta en concreto.

Lo mismo pasa con los estados de depredación del medio ambiente, en donde la deforestación crece, la vida animal se afecta seriamente y los recursos naturales se atropellan sin piedad.

Las autoridades ambientales tienen que demostrar agilidad en su acción, ofrecer respuestas rápidas a la ciudadanía y comprobar con hechos fehacientes su eficiencia. Las corporaciones autónomas regionales, así como el ministerio del ramo, manejan abundantes apropiaciones presupuestales, en donde muchas veces se discute su verdadera efectividad, lo que hace oportuno instar a que se imponga una política diferente y para que la acción efectiva sea el distintivo de su actuación.

Lo de los hipopótamos resulta risible; la noticia le ha dado la vuelta al mundo y las autoridades ambientales están quedando pésimamente porque no han sido capaces de actuar en forma debida y oportuna. Sería importante que, de una vez por todas, se estructurara una ley marco para el medioambiente. Esa ley debe imponer el criterio técnico sobre cualquier otra premisa y permitir que las entidades se manejen apartadas de la política. El medioambiente es sagrado, como podría decir bien el profesor Antanas Mokus, pero eso nunca lo hemos querido entender.

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