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Columna

Logística multimodal inteligente

Nuestro primer motor ha sido la transformación territorial técnica y social. Pasamos de 80 kilómetros de vías pavimentadas a casi 500 kilómetros.

EDUARDO VERANO DE LA ROSA

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La crisis geopolítica global está reordenando las cadenas de suministro, encareciendo rutas y alterando decisiones de inversión. Ante este panorama, en el Atlántico tenemos una certeza absoluta: el que no se adapta, queda atrás; el que no innova, pierde espacio.

Recientemente, en el marco del XIX Simposio Aduanero y Portuario 2026, organizado en Barranquilla por la Federación Colombiana de Agentes Logísticos en Comercio Internacional (FITAC), compartí una visión que no puede esperar más: el Atlántico debe consolidarse como el gran hub logístico de clase mundial. Ya no basta con tener puertos o carreteras; hoy se necesita visión, tecnología, seguridad y una estrategia territorial clara.

Como mencionaba una edición especial de Harvard Business Review sobre nuevas estrategias de crecimiento, en tiempos de disrupción, crecer no es correr sin rumbo; crecer es construir un “segundo motor”, proteger lo que ya genera valor y preparar las capacidades para escalar.

Nuestro primer motor ha sido la transformación territorial técnica y social. Pasamos de 80 kilómetros de vías pavimentadas a casi 500 kilómetros, de los cuales, 140 son en doble calzada.

Hemos llevado agua potable y saneamiento básico a rincones del departamento porque la competitividad no se construye sobre territorios rezagados. Además, fortalecimos la conectividad digital; hoy la infraestructura también es la fibra por donde viajan los datos y la inteligencia artificial en tiempo real.

Sin embargo, el siguiente motor de crecimiento del Atlántico tiene que ser la logística multimodal inteligente. Una visión que conecte nuestros puertos, el río, el aeropuerto, las vías y el talento humano con un sistema de datos y trazabilidad.

Para lograrlo, necesitamos proteger y fortalecer el acceso portuario de Barranquilla. El Tajamar Occidental no es una obra aislada, es una condición innegociable para la competitividad y la seguridad de nuestro canal de acceso.

Asimismo, es imperativo avanzar en el Puerto de Aguas Profundas del Atlántico. El mundo está moviendo más carga, más volumen y con mayor exigencia; no podemos permitir que nuestro territorio pierda espacio frente a la competencia global.

Si Colombia quiere ser competitiva de verdad, debe mirar hacia el río Magdalena no como paisaje, sino como la columna vertebral de nuestra multimodalidad.

Esta transformación requiere de proyectos concretos: consolidar el aeropuerto Ernesto Cortissoz como plataforma de carga y servicios especializados y avanzar en el Puente de la Hermandad para integrar productivamente al Atlántico con el Magdalena.

Nada de esto es posible sin dos pilares esenciales: seguridad y energía. Estamos implementando el Sistema Integrado de Seguridad, una herramienta estratégica articulada con la Policía y la justicia para mejorar la vigilancia y la reacción. No hay logística moderna sin seguridad ni inversión sostenible sin confianza.

Todo esto se articula en nuestra hoja de ruta: Atlántico Futuro 2050. No estamos haciendo obras sueltas ni diagnósticos repetitivos; estamos pensando el departamento como un sistema integrado: logístico, energético, digital y productivo. Esta es una competitividad con propósito.

No buscamos solo mover más carga; buscamos mover más empleo, más empresas y más oportunidades. Queremos que los jóvenes encuentren futuro en su territorio.

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