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Columna

Rompamos el techo de cristal

Es claro que quien llegue a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto se encontrará con las arcas vacías y un caos administrativo sin precedentes en nuestra vida republicana.

Flavia Santoro Trujillo

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A menos de tres semanas de la primera vuelta presidencial, poco a poco se va evidenciando el talante de los candidatos que lideran las encuestas, lo que permite a los electores tener sólidos elementos de juicio para decantarse por una u otra opción.

En mi caso, la decisión está tomada: votaré por Paloma Valencia.

Tengo muy buenas razones para hacerlo: Paloma Valencia es una verdadera estadista, una mujer rigurosa, estudiosa de la problemática del país y con un profundo conocimiento de lo público.

Y eso, en las actuales circunstancias, es fundamental.

Es claro que quien llegue a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto se encontrará con las arcas vacías y un caos administrativo sin precedentes en nuestra vida republicana.

Ni hablar de la deuda externa, la crisis de la salud y el deterioro de la seguridad, rubro que tristemente ha padecido un retroceso de al menos 25 años.

¡El 8 de agosto no puede haber lugar a la improvisación!

Hay que ordenar la casa y ello requerirá de buen pulso, de expertos, de tecnócratas, no de jovencitas que presuntamente falsifican títulos universitarios o actores porno participando del consejo de ministros.

Lo que se necesita es gente con experiencia, autoridad, capacidad de toma de decisión y rigor técnico. Y ese es el equipo de Paloma.

Paloma ha hecho la tarea, se ha rodeado muy bien y tiene experiencia.

Desde muy joven se interesó en la política y ya lleva tres periodos en el Legislativo, dando incansables batallas en favor de la seguridad y la salud, luchando contra la corrupción y los grupos criminales.

Algunos dicen que no les “mueve la aguja”. ¡Estoy en total desacuerdo!

Cada vez que Paloma habla, reconozco en ella la solidez argumentativa, la firmeza, la convicción, el talante de estadista y el amor por Colombia de líderes como el expresidente Uribe o el recientemente fallecido Germán Vargas Lleras.

Pero, por otra parte, uno no elige Presidente porque le mueva o no “la aguja”.

Las razones correctas para votar por alguien son su preparación, sus antecedentes, los principios que guían sus acciones, quiénes lo rodean y su capacidad de ejecución.

Firmeza y amor por Colombia no son sinónimo de discursos altisonantes, es tener principios sólidos, ideas ambiciosas, pero realistas, y actuar correctamente, bajo principios éticos infranqueables.

Para mí Paloma encarna todo lo anterior, además de valores como la honestidad, la lealtad, el trabajo duro y el respeto por quien piensa diferente.

Paloma es una buena mujer, es una colombiana y una madre ejemplar. Hay quienes sostienen, lo he oído de algunas personas, increíblemente en su mayoría mujeres, que Paloma es muy inteligente, muy capaz, pero que Colombia no está lista para tener una mujer Presidente.

¡Nada más alejado de la realidad!

Para lo que no está lista Colombia es para cuatro años más de desastre, irrespeto por las instituciones, desgobierno, inseguridad y corrupción a manos llenas.

Ser mamá o ser mujer no es un obstáculo para ser Presidente. Tampoco lo es ser hombre. Sea hombre o mujer, una persona incapaz, carente de disciplina, rigor, honestidad, lealtad y preparación jamás debe ocupar cargos de poder.

Si, por el contrario, tiene las cualidades y las competencias necesarias, es una opción válida, que debe ser tenida en cuenta.

Los invito a que rompamos el techo de cristal que algunos nos han impuesto.

Rompamos el paradigma de que este no es el momento de una mujer.

Hagamos historia eligiendo a Paloma Valencia, no por ser mujer, sino por sus innegables capacidades gerenciales, perfil de estadista y estatura moral e intelectual.

Es la decisión más segura, más correcta y sensata.

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