Sería interesante hacer un concurso entre los lectores de esta columna, sobre cuántos centros de acopio de material reciclado hay en la ciudad, incluyendo vidrios, plásticos, papeles, metales y una amplia variedad de residuos útiles para la economía. Si se van a una de las herramientas de inteligencia artificial, les dan cifras interesantes, que indican que es una actividad que ha tomado gran fuerza en cuanto generación de ingresos para personas y familias, que el modelo de desarrollo económico va dejando en los márgenes, pero que por su tesón se incorporan a actividades licitas de subsistencia.
Pero no me refiero a esos centros de acopio legales, formalizadas, diferentes a las ECAS (Estación de Clasificación y Aprovechamiento) que responden al Decreto 1381 de 2024 del Ministerio de Vivienda, Ciudad y Territorio, que establece los lineamientos para que se reconozca, valore y apoye estas actividades.
La pregunta es sobre esos otros ‘centros de acopio’ que vemos proliferar por toda la ciudad, a lo largo de las avenidas Pedro de Heredia y Pedro Romero, la carretera del Bosque, la Marginal de Canapote a Torices, la Avenida del Lago y aun en vías nuevas o que desde hace poco tiempo se están incorporando a la oferta vial y vemos por diversos lugares de la ciudad. Digo casi toda, pues en los sectores de afluencia de turismo es muy raro ver esos espacios urbanos inundados de material reciclable,
Lo particular es que operan en cientos de lugares, conocidos, visibles, sobre un amplio margen de tiempo, todos los días, con la particularidad que va dejando a un lado o en ese mismo espacio aquel material que no es comercial, que no tiene valor o que simplemente son residuos domésticos.
El evidenciar este fenómeno indica que algo no está funcionando bien, que cada vez coge más fuerza, que se va expandiendo por toda la ciudad y que sin lugar a dudas tiene múltiples efectos en la salud pública y personal, en la calidad del aire, en la sensación de abandono, de negligencia e inseguridad, y especialmente en la autoestima, el sentido de pertenencia y valoración como ciudadanos y como ciudad, lo que contrasta con los esfuerzos que desde el Alcalde se vienen haciendo por la ciudad en distintos aspectos como infraestructura, espacios y escenarios para la familia, la recreación, el deporte y el turismo.
Este fenómeno, como la conducta cada vez más agresiva contra las normas de tránsito y de convivencia, y de indiferencia hacia la ciudadanía de cientos de mototaxistas, está tomando formas que nos hacen pensar en la gran dificultad de detener y revertir estas prácticas y comportamientos. Esto demanda una múltiple acción de prevención, educación y sanción que alguien debe hacerlo. Hay responsabilidades que no se pueden eludir y menos diluir en expresiones como que eso es para la subsistencia.
*Sociólogo.

