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Columna

Ni bloque ni alianza, pero con intención: los BRICS y la nueva arquitectura mundial

China produce por sí sola alrededor del 70 por ciento del PIB conjunto de todos los Estados BRICS y representa casi dos tercios de las exportaciones.

Hans Blumenthal

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Un banquero acuñó el término. Los países BRICS no comparten moneda, ejército ni ideología — y aun así representan el 40 por ciento de la economía mundial, se sientan hoy en la misma mesa y plantean la pregunta: ¿quién escribe en adelante las reglas de la globalización? También para los países que aún no se han hecho esa pregunta.

Los BRICS agrupan a países del Sur Global unidos por un objetivo común: reequilibrar el peso de Occidente en los procesos de la globalización. El término, sin embargo, no nació en una cancillería sino en un banco. En 2001, Jim O’Neill, economista jefe de Goldman Sachs, acuñó el acrónimo BRIC como tesis de inversión: Brasil, Rusia, India y China serían los motores de la economía mundial en las décadas siguientes. Un argumento de rentabilidad, no un proyecto político.

Fueron los propios países quienes le dieron otro contenido — sobre todo Rusia, que organizó la primera cumbre en 2009 en Ekaterimburgo y vio en los BRICS desde el principio un contrapeso geopolítico a Occidente, y Brasil bajo Lula da Silva, que los posicionó como plataforma de reforma. China prefirió un papel discreto, pero fue indispensable como ancla económica del bloque. En 2010 se sumó Sudáfrica — BRIC se convirtió en BRICS. En 2024, la gran ampliación: Irán, Etiopía, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, y a comienzos de 2025 también Indonesia.

Cuando O’Neill acuñó su término, los países BRIC originales aportaban alrededor del 8 por ciento del PIB mundial — medido en paridad de poder adquisitivo. El G7, el grupo de las siete mayores potencias industriales de Occidente — Estados Unidos, Canadá, Alemania, Francia, Italia, Reino Unido y Japón — concentraba entonces más del 43 por ciento. Hoy la relación se ha invertido: los BRICS representan alrededor del 40 por ciento de la economía mundial, el G7 apenas el 28. Casi la mitad de la población mundial vive en países BRICS. El bloque controla alrededor del 44 por ciento de la producción mundial de petróleo, el 36 por ciento de la extracción de gas natural y el 72 por ciento de las reservas mundiales de tierras raras — minerales clave para baterías, chips y vehículos eléctricos. Las economías del G7 crecen en promedio cerca del uno por ciento anual; las de los BRICS, entre el 3,7 y el 3,8 por ciento.

China: el motor silencioso

China produce por sí sola alrededor del 70 por ciento del PIB conjunto de todos los Estados BRICS y representa casi dos tercios de las exportaciones totales del bloque. Beijing persigue tres objetivos dentro del formato: debilitar el dólar como moneda de reserva global, complementar instituciones occidentales como el FMI y el Banco Mundial con alternativas — sobre todo el Nuevo Banco de Desarrollo (NDB, por sus siglas en inglés), fundado en 2015 — y consolidar al Sur Global en un orden donde China contribuye a redactar las reglas sin imponerlas abiertamente. Y no se presenta como potencia dominante, sino como socio entre iguales.

América Latina: entre dos sillas

Brasil es el único miembro latinoamericano de pleno derecho. Bolivia y Cuba figuran como países socios — una categoría intermedia introducida en 2024, por debajo de la membresía plena. Venezuela y Nicaragua fueron bloqueados activamente por Brasil en la cumbre de 2024. La región mantiene lazos económicos profundos con Estados Unidos, mientras que China se ha convertido en el principal socio comercial de varios países latinoamericanos. América Latina navega así entre dos polos sin haberse decantado por ninguno — una ambigüedad que no es nueva: la región nunca abandonó del todo el no alineamiento, pero rara vez lo tradujo en estrategia.

Colombia: el camino del banco como compromiso

Colombia no es miembro de los BRICS. En mayo de 2025, el presidente Gustavo Petro visitó China y presentó ante Dilma Rousseff — expresidenta de Brasil y directora del NDB — la solicitud formal de ingreso al banco. En julio de 2025, Colombia fue confirmada en la cumbre de Río. El NDB es una institución jurídicamente independiente del bloque BRICS, y su membresía está abierta a todos los miembros de la ONU. Su principal atractivo para Colombia es la ausencia de condicionalidades como las que impone el FMI. El costo: una aportación de capital de alrededor de 512 millones de dólares — no contemplados en el presupuesto, con aprobación del Congreso aún pendiente.

Entre los defensores del ingreso al NDB, el gobierno y sectores de la izquierda lo presentaron como una respuesta directa a los aranceles y recortes de ayuda de la administración Trump, y como una oportunidad para diversificar las fuentes de financiamiento del país. Los sectores conservadores, en cambio, advirtieron que Colombia arriesgaba romper con sus aliados tradicionales y acercarse a países con déficits democráticos. Desde el mundo académico y económico, las reservas fueron más técnicas: Luis Fernando Mejía, entonces director de Fedesarrollo, advirtió que una membresía no garantiza por sí sola el acceso a créditos. David Varela, profesor de la Javeriana en Bogotá, agregó que China controla el 55 por ciento del capital del banco, lo que deja poco margen de influencia a los nuevos miembros. Andrés Felipe Pinzón Hernández, de la Universidad del Rosario, escribió en junio de 2025 en La Silla Vacía que Colombia se mueve “más por el deseo político que por la lógica de Estado”.

Tres grupos, una bandera

Alexander Gabuev, director del Carnegie Russia Eurasia Center en Berlín, y Oliver Stuenkel, politólogo de la Fundação Getulio Vargas de São Paulo, señalaron con claridad en Foreign Affairs (septiembre de 2024): los BRICS no son un bloque sino una tertulia de intereses divergentes sobre lo que ese bloque debería ser.

La primera visión es la rusa: los BRICS como contrapeso a Occidente, plataforma para la desdolarización. El comercio ruso-chino ya se liquida mayoritariamente en rublos y renminbi. Irán fue hasta la primavera de 2026 el miembro nuevo más comprometido ideológicamente — los BRICS eran para Teherán un instrumento para eludir las sanciones occidentales. Con el estallido de la guerra abierta con Estados Unidos, ese panorama cambió de raíz. Si Irán puede seguir siendo miembro activo o se convierte en elemento desestabilizador para quienes no quieren sacrificar sus relaciones con Occidente, es una pregunta abierta.

La segunda visión es la brasileño-india: los BRICS como plataforma de reforma, no como alternativa de ruptura. En la cumbre de Río de 2025, Lula da Silva exigió una reforma del sistema de la ONU, no un alejamiento de él. India participa simultáneamente en el Quad — la alianza de seguridad con Estados Unidos, Australia y Japón — y frena cualquier deriva antioccidental del bloque.

La tercera visión es la china. Niu Haibin, politólogo del Instituto de Estudios Internacionales de Shanghái, sostuvo en el CEBRI-Journal (enero de 2025) que los BRICS han pasado de adaptarse al orden mundial a querer moldearlo activamente — con China como su centro natural.

Miembros activos, pasivos y rezagados estratégicos

Etiopía se unió en busca de financiamiento para infraestructura. El primer ministro Abiy Ahmed — Premio Nobel de la Paz 2019 — dejó claro en la cumbre BRICS de 2024, celebrada en Kazán, Rusia, que su prioridad era atraer inversiones en infraestructura y resiliencia climática. Egipto quiere reducir su dependencia de Washington sin alinearse con el campo antioccidental. El hecho de que ninguno de los dos firmara el comunicado conjunto en la reunión de cancilleres de septiembre de 2024 en Nueva York — en parte por el conflicto en torno a la represa del Renacimiento sobre el Nilo — revela lo frágil que es la cohesión interna. Más allá de estos dos casos, África en su conjunto representa para los BRICS un continente estratégico: China es ya el mayor socio comercial de más de treinta países africanos, y el NDB ha aprobado proyectos de infraestructura en varios de ellos.

Indonesia se unió en enero de 2025 como primer país del Sudeste Asiático, pese a que el expresidente Joko Widodo había advertido en 2023 contra las decisiones apresuradas. Con Indonesia, Asia se convierte en el continente más representado dentro del bloque: cuatro miembros de pleno derecho — China, India, Irán e Indonesia — y varios países socios en el Sudeste Asiático, entre ellos Vietnam, Malasia y Tailandia. El Carnegie Endowment for International Peace ve en ello una señal de que muchos países entienden los BRICS no como compromiso ideológico sino como opción adicional.

Arabia Saudita es otro ejemplo ilustrativo: invitada en 2023, figura en los sitios oficiales de los BRICS como miembro, pero hasta abril de 2026 no ha presentado declaración formal de adhesión. Riad practica una política de cobertura — el llamado hedging — dentro de un club que funciona bajo la misma lógica: países que quieren más opciones sin comprometerse.

¿Qué sigue para los BRICS?

El primer escenario es el de la profundización institucional: los BRICS logran construir alternativas reales al sistema financiero occidental. Un indicador concreto: el comercio exterior chino liquidado en renminbi — o yuan, como se conoce popularmente — alcanzó el equivalente a unos 2,4 billones de dólares en los primeros tres trimestres de 2024, más de la mitad del volumen total del comercio exterior chino en ese período. El segundo es el del bloqueo estructural: las contradicciones internas pesan más que los intereses comunes — en la cumbre de Río en julio de 2025 ni Xi Jinping ni Putin se presentaron. El tercero — y esto es lo que analistas como Adam Tooze, historiador económico de la Universidad de Columbia, y Oliver Stuenkel consideran más probable — es la coexistencia pragmática: los BRICS no se convierten en contragobierno ni se disuelven, sino que se consolidan como un foro de negociación para países que buscan más opciones sin atarse a ninguna.

Trump declaró a los BRICS “muertos” en febrero de 2025. La cumbre de Río se celebró de todas formas en julio de 2025 — con once miembros, diez países socios y 32 Estados más en lista de espera, de los cuales 23 ya han presentado solicitudes formales. Si no se han incorporado más es por un veto estructural: Brasil e India frenan para evitar que el bloque derive hacia el antioccidentalismo. Como salida, los BRICS crearon una categoría de país socio — acceso a cumbres sin obligación política plena — donde candidatos como Turquía o México prefieren quedarse por ahora.

Los BRICS no van a reemplazar el orden mundial. Pero sí modifican las condiciones en que ese orden se negocia. Queda por ver si la próxima fase irá más allá de las declaraciones de cumbres — hacia las reservas monetarias, los contratos de infraestructura y las rutas comerciales, donde la geopoítica se vuelve concreta y no solo retórica.

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