Desde tiempos remotos el hombre ha forjado el sentido de la verdad ligándolo a conceptos morales y éticos. Son guía. El dios de las creencias religiosas se sustenta en la verdad. Es su esencia. En el cristianismo, Dios es camino, verdad y vida. Lo dice Jesús a Tomás, en eL Evangelio de San Juan. En alguna parte de su universo narrativo, el escritor ruso Fedor Dostoievski plantea que, si la verdad naufraga de forma definitiva en el universo del hombre, la fuerza divina que la sostiene desaparece. Si Dios muere -advierte-, todo estará permitido. El caos. Federico Nietzsche, filósofo alemán, asegura que el último refugio del hombre es Dios. Sin moral, ni ética ni Dios, el hombre naufraga en el nihilismo. Podrá sentirse liberado, pero andará sin brújula.
En esta sociedad, caótica, deshumanizada, todo parece conducir a la destrucción de la verdad, y con ella al desahucio de Dios. Como representación de verdad y moralidad, ¿no tiene Dios cabida en la conciencia del hombre? Si Dios es igual a verdad, parecería que ha dejado de existir. Se le ha sometido a toda suerte de abuso, maltrato, acomodo. Todos creen tener la verdad revelada, buscan imponerla a toda costa. En ese desparpajo, la verdad es adaptada a los intereses individuales o de grupo, con la mayor naturalidad. “Dios mío -clama el criminal que va en búsqueda de su víctima-, no permitas que falle en el tiro”.
La mentira, mil veces repetida, suele convertirse en verdad. En esa trasmutación de trampa, Dios es traído de regreso. No como espíritu de dignificación, sino revestido de engaño. Todo puede decirse en su nombre, como verdad. “Juro por Dios y la patria que cumpliré con mi deber”, dice el hombre de bien que todos saben corrupto. “Los voy a salvar del caos”, asegura el líder mientras trata de borrar de su mente un pasado tenebroso. No hay duda en sus palabras. La pantomima dominando el escenario. Se miente con desparpajo. Sin remordimiento.
Con la muerte de la verdad se consolida la mentira. La farsa triunfa como argumento. El otro puede ser atacado y destruido. Se impone la vileza, la ruindad. Inoculando temor se garantiza control. Filigrana de perversidad.
En la campaña electoral de 2026 por la Presidencia de Colombia, algunos sectores están reduciendo la verdad a escombros. La utilizan como pretexto. Sirve de justificación para el engaño. En contrario, se miente de manera descarada y tendenciosa. Se desboca la falacia. Al igual que a Dios, la verdad se ha relegado al desván del acomodo.

