Ha sido criticado hasta el cansancio por haber ejercido algunas defensas mediáticas, pero no le han reconocido lo suficiente su labor en la representación legal de víctimas como Rosa Elvira Cely o Natalia Ponce De León, casos donde logró tipificar el feminicidio y los ataques con ácido como delitos autónomos. Argumento suficiente como para atraer el voto de los movimientos feministas, pero sus detractores insisten en la idea retrógrada de equiparar al abogado con el cliente. Los penalistas no defendemos delitos, defendemos garantías y derechos fundamentales consagrados en la Constitución.
El principal desafío que tiene hoy el Estado de derecho es su renuncia a la acción penal en contra de los grupos armados organizados por cuenta de una política de “paz total” fracasada. Hemos llegado a tal impunidad que la Fiscalía General de la Nación, en ocasiones, ha suspendido capturas en flagrancia de criminales porque el presidente de la República los gradúa de “gestores” de una paz inexistente.
Un jefe de estado que conozca de primera mano el Derecho Penal es precisamente lo que requiere Colombia. Necesitamos reestructurar la política criminal del Estado, que se deje de premiar al delincuente y que se opere en favor de las víctimas de delitos sexuales, violencia intrafamiliar y, en especial, del conflicto armado. La JEP es un directorio político que debe ser abolido. No se requieren más negociaciones, necesitamos más fiscales, más jueces. Menos Procuraduría y más proceso penal. Los criminales de lesa humanidad y narcotraficantes deben definir su situación jurídica como cualquier otro ciudadano, en un proceso penal ordinario.
La ventaja de escoger a un defensor de su nivel como jefe de Estado es que está acostumbrado a hacer lo que en derecho corresponde sin importar las críticas. Así será su gobierno, rodeado de ministros de la talla de José Manuel Restrepo y sin querer agradar a todo el mundo; cumpliéndoles a las mayorías anhelantes de justicia, seguridad, libertad económica y oportunidades para todos los colombianos.
Para aquellos que siguen indecisos, inclinarse del todo hacia el centro desdibuja los principios y hará perder la batalla cultural en segunda vuelta; les recuerdo que lo único capaz de ganarle a la izquierda radical son los liderazgos fuertes. Pueden ver el ejemplo de Trump, Milei, Meloni, Kast o Bukele. Necesitamos a un candidato con una propuesta clara en lo penal. Esto no se resuelve con periodicazos, se resuelve tomando las decisiones fuertes que se requieren y ordenando a la fuerza pública la recuperación del control territorial. Como me diría en una clase el Magistrado español José Luis Castro de Antonio: “Lo único que puede garantizar la paz en un futuro es el cumplimiento de la ley.”
¡Firme por la patria!

