Hay ciudades que heredan historias, y también generaciones que heredan esperas. Real Cartagena vuelve a jugar una final. Y eso, en La Heroica, no es cualquier noticia.
La última vez que el auriverde disputó una final fue el 29 de noviembre de 2008, cuando se selló el ascenso frente a Deportivo Rionegro. Desde entonces han pasado 6.386 días. Casi 18 años sin que la hinchada heroica volviera a sentir la ansiedad y la ilusión de una final.
Y desde aquel descenso consumado en 2012 -que empezó a hacerse realidad el 3 de febrero de 2013, el día en que el Real Cartagena volvió a jugar un partido de la B- han transcurrido 4.859 días de un tránsito ininterrumpido por la segunda división sin saber lo que es pelear por el título. Trece años largos viendo pasar torneos, técnicos, promesas inconclusas, frustraciones repetidas y vueltas olímpicas ajenas.
Este lunes 25 de mayo, a las 8 p. m., el estadio Jaime Morón volverá a vestirse de final para recibir a Envigado. La vuelta será el viernes en Antioquia. Y aunque en el fútbol nada está escrito, Cartagena vuelve a sentir algo que había perdido: la posibilidad real de regresar a Primera.
Porque si algo mostró este semestre es que, por primera vez en mucho tiempo, el deseo de ascender parece serio. La ciudad empezó a sospecharlo cuando apareció un nuevo nombre entre los accionistas del club (la familia Díaz) y cuando contrataron a Álvaro Hernández -el técnico que acababa de ascender a Jaguares el año anterior-, a quien le permitieron traer a varios de sus jugadores campeones, entre ellos al capitán Didier Pino. Y lo más importante: no dejaron ir a Fredy Montero, goleador y referente, pese a ofertas mucho más atractivas.
Ahí Cartagena entendió que esto no parecía una ilusión improvisada de semestre corto sino un proyecto. Volvió la esperanza a una ciudad que merece tener fútbol de primera.
6.386 días después, el auriverde vuelve a jugar una final. Quizá eso explique por qué esta vez la emoción se siente distinta. Porque, más allá del rival o de la categoría, Cartagena siente que está jugando contra el tiempo. Contra años de frustración y la costumbre de resignarse.
Por eso este lunes comienza una final y la posibilidad de que toda una generación deje, por fin, de esperar. Queda entonces ganarla y ratificarse en el segundo semestre, ya sea liderando la tabla de reclasificación o repitiendo otra final para lograr el anhelado ascenso.
Adenda: En menos de 5 días, le duplicaron el precio a la boletería. Es decir, alguien que pagó 80 mil pesos contra Barranquilla este lunes tendrá que desembolsar 160 mil si quiere estar en la misma localidad. Es una final, sí, pero para el hincha fiel resulta desproporcionado y absurdo.
