Ante los problemas del país, con frecuencia se formulan las mismas propuestas de siempre. Sin revisar antecedentes, muchos se sienten innovadores sugiriendo que la solución es algo que fue ensayado sin lograr cambios. Eso suele suceder ante los problemas territoriales y me gustaría ilustrarlo con algunos ejemplos.
Ciertos diagnósticos detectan, con razón, que la capacidad de los gobiernos locales es débil. Ante esto, surge la propuesta del fortalecimiento local, algo en lo que todos estamos de acuerdo. Usualmente se proponen unos programas desde alguna institución del gobierno central para este cometido. Estas iniciativas muchas veces desconocen la realidad local en temas como, por ejemplo, la conectividad o calidad del recurso humano de los municipios.
Otro análisis tradicional suele identificar que hay un rezago económico y social en zonas rurales marginadas. Constantemente se propone un programa de desarrollo rural integral, con lo que se espera se superarían las dificultades que enfrentan estos territorios. Los gestores de estas iniciativas desconocen que en ocasiones anteriores se han formulado programas similares y la situación no ha cambiado. Esas soluciones integrales suenan muy atractivas, pero implican la coordinación de varias instituciones en los distintos niveles de gobierno, algo que no es fácil de alcanzar.
También se acostumbra a señalar como causa del atraso, la escasa integración del territorio y se propone un programa de conectividad vial de los municipios alejados del circuito nacional. En algunas ocasiones, esos programas se plantean manejados por un organismo del Gobierno nacional y en otros casos se trasladan a los gobiernos departamentales o municipales. Al final, estas propuestas no han dado los resultados y continúan existiendo grandes extensiones desconectadas con pocas posibilidades de sacar sus productos a los centros urbanos.
Estas situaciones son el resultado de la falta de memoria institucional del país, que nos lleva a repetir estrategias fracasadas. Una de las fallas es que no existe un archivo de las experiencias de políticas públicas que permita identificar las razones del fracaso de las estrategias implementadas. Para el gobierno de turno, lo usual es documentar las cosas positivas y ocultar las que no fueron tan buenas.
De otra parte, para los estudiosos de las políticas públicas, hay incentivos para publicar las evaluaciones de impacto con resultados positivos, aquellas que fracasan no suelen ser consideradas. Los estudios con resultados negativos suelen engavetarse en algún escritorio y no es posible tener acceso a las lecciones de política que permitan mejorar la efectividad de las estrategias.
Es importante que antes de hacer propuestas se revisen las experiencias previas, seguramente se identificarán elementos que ayudarían a estructurar alternativas con mayor probabilidad de éxito.
