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Columna

Cine, cabaret y picó

“Puerto y prostitución comparten historia y para los años 40, en El Playón Blanco del barrio Torices funcionó ‘Aires Cubanos’, el cabaret más prestigioso”.

Ricardo Chica Geliz

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En los años 50 el cine moldeó el gusto de las gentes en Cartagena, el cual se escenificó en la fiesta picotera y en los cabarets. Las películas mexicanas de rumberas eran referencia y ejemplo del estilo que se expresaba en el baile, las formas musicales del Caribe, las rutinas festivas y los escenarios de la diversión y el ocio.

Aquí son claves el vestuario, el maquillaje, los peinados, los usos amorosos, entre otros comportamientos en público y en privado. El peinado estilo ‘cabronesca’ era muy popular entre los jóvenes. Era común el vestido entero color blanco y corbata como signo de elegancia entre los miembros de las clases altas y medias, y ciertas personas de sectores populares, dependiendo quizás del quehacer: profesor, oficinista, dependiente, estudiante.

En el vestir femenino, el cine, las revistas y la prensa ofertaron patrones de estilo adaptados por las costureras y las modistas al gusto barrial. Por su parte, saber bailar y conocer las últimas canciones, era tan crucial para la vida como trabajar, educarse o tener casa propia.

La aparición del picó a mediados del siglo XX dinamizó el goce social, porque era un recurso cultural para la actualización, no solo musical, también era el escenario para ver y ensayar las prácticas del vestir y el modo de actuar la moda. En buena parte, el cine mexicano contribuyó a la formación del gusto popular cartagenero, en especial, con las películas de rumberas, ya que, en su trasfondo dramático y su banda sonora, aparecieron las manifestaciones afrocubanas, y así la gente del Caribe se reflejó en la pantalla.

Dicho esto, todo lo negro y su expresividad cinematográfica formaron lo que yo llamo ‘los alegradores de la vida’, cuyo origen está en los estereotipos del bongosero y la rumbera del Teatro Bufo Habanero, desde el siglo XIX. Sin embargo, en los bailes de picó, más allá del estereotipo, lo que aparece es la pluralidad de formas y estilos alrededor de la música como pegante social. El mundo de las rumberas visto en las películas, era el mundo del cabaret, el cual, era muy distinto a la fiesta de picó.

Puerto y prostitución comparten historia y para los años 40, en El Playón Blanco del barrio Torices funcionó ‘Aires Cubanos’, el cabaret más prestigioso. A finales de los 50, en la Zona de Tolerancia del barrio Tesca, funcionaron cabarets de renombre como El Príncipe, El Club Verde, El Big Fox, La Veinticuatro o La Flecha, donde se presentaban shows de baile, música y desnudos en vivo. El cabaret presentado en el cine tenía un carácter ambiguo y sugestivo, de ahí los regaños de la prensa cartagenera contra las películas mexicanas de corte prostibulario. No obstante, su banda sonora era reciclaje cultural del gusto, en tanto el estilo musical, baile y canto escenificados en la celebraciones de picó.

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