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Columna

El dilema del voto útil

“La invitación no es a descartar el voto útil ni a defenderlo como la única opción racional. Votar no siempre significa elegir la primera opción...”.

Tatiana Velasquez

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En una elección presidencial no todos votan por su primera opción. A veces, el voto se mueve entre dos preguntas: ¿quién me representa mejor? y ¿quién tiene más opción de ganar o de frenar a quien rechazo? A eso se le conoce como voto útil.

En La Contratopedia Caribe comenzamos una serie de pedagogía electoral para entender no sólo cómo votar, sino desde qué criterios decidir el voto presidencial. Para la primera entrega, consultamos a analistas y politólogos para entender por qué el voto útil aparece con fuerza en elecciones polarizadas, como la actual contienda, y qué riesgos acarrea.

Para el docente e investigador Luis Fernando Trejos es, en esencia, un voto pragmático, es decir, no necesariamente responde a una identidad ideológica, sino a un cálculo electoral: “Si mi candidato no tiene opciones reales, voto por alguien que sí pueda ganar o por quien pueda derrotar a los candidatos que rechazo”.

El también investigador y docente Orlando Higuera lo explica desde otro ángulo: una de las grandes ilusiones electorales es pensar que la mayoría de votantes decide después de estudiar cuidadosamente los programas de gobierno. En la práctica, dice, la decisión suele estar atravesada por atajos cognitivos, sesgos y preferencias.

Uno de esos atajos es justamente el voto útil: votar por quien parece tener más posibilidades reales de ganar o de evitar que gane otro candidato. Por eso, en elecciones polarizadas o cerradas, la elección estratégica puede concentrar apoyos, porque los ciudadanos no quieren “desperdiciar” su voto.

Para el docente Ángel Tuirán, el dilema del voto útil se volvió central por tres factores: la polarización, el peso de las encuestas y la percepción de una segunda vuelta anticipada. En este tipo de escenarios, el miedo a la victoria del adversario puede pesar más que la afinidad plena con una candidatura.

Para Tuirán, las encuestas ya no funcionan solo como un termómetro de la opinión pública, sino que pueden actuar como un termostato: registran tendencias y ayudan a producirlas.

Para Pablo Abitbol, otro de los investigadores consultados, el voto útil, aunque legítimo, tiene una limitación central: suele basarse en información incompleta. Muchas veces el cálculo se apoya en encuestas o en resultados de elecciones anteriores, como las legislativas; sin embargo, no siempre incorpora otros factores decisivos, como el poder de las maquinarias partidistas y empresariales que mueven los votos, sobre todo en las regiones dominadas por caciques electorales.

Entonces, antes de votar este 31 de mayo, pregúntate: ¿Estoy votando por convicción o por cálculo? ¿Tengo suficiente información para hacer ese cálculo? ¿Qué riesgo me pesa más: no votar por mi primera opción o no intentar frenar el resultado que rechazo?

La invitación no es a descartar el voto útil ni a defenderlo como la única opción racional. Votar no siempre significa elegir la primera opción, pero sí conviene tener claro a qué se renuncia cuando se toma ese camino.

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