Ahora que se conocen los resultados de las pruebas Saber 11 en el año anterior, nos encontramos frente a un panorama crítico que es necesario enmendar en el menor tiempo posible, pues pone en peligro la calidad de la educación para una población de 9,5 millones de jóvenes que se encuentran dentro de este rango, para quienes es claro deducir que su aprendizaje está en estado lamentable y que su futuro está comprometido, pues no están en capacidad de asimilar el conocimiento como es debido y de acuerdo a los requerimientos de los estándares internacionales.
Los estudiantes de Colombia registraron un puntaje promedio de 257,6 sobre 500, lo que los coloca en una línea roja, de donde se pueden derivar serias consecuencias en el aprendizaje.
Y dentro de este indicador es bueno resaltar que los colegios públicos están por debajo de los privados, pues mientras los primeros obtienen un puntaje de 250, los segundos llegan a 281, con un agravante: a medida que aparecen las cifras de las ciudades más pequeñas, o de la ruralidad, el puntaje se ve dramáticamente disminuido, llegando a 236,2.
Y a estos indicadores, en donde es posible comprobar que el saber no está llegando como debe ser a los jóvenes colombianos, debemos agregar que, de esa cifra de 9,5 millones de estudiantes, solo un poco más de la mitad llega al grado 11. Y de los que logran llegar, solo 4 de cada 10 emprende la educación superior. Es decir, estamos frente a un embudo que está marginando dramáticamente a la población joven del conocimiento y de adquirir las habilidades necesarias para poder estar en capacidad de emprender una vida exitosa.
Sería bueno que se convocara a un gran diálogo nacional sobre la educación, en donde se socavara el origen de las cifras y se identificaran todas las falencias de nuestro modelo educativo. También para que se establezca un compromiso muy serio por parte de todos los involucrados: autoridades educativas, maestros, padres de familia y los expertos en el tema, pues si no hay un compromiso serio, frente a un cronograma medible en el tiempo, jamás saldremos del estado de letargo.
Si queremos mejorar la calidad de vida de los colombianos, y a su vez incrementar las oportunidades de crecimiento económico del país, tenemos que pensar seriamente en capacitar a nuestra juventud como es debido. Las cifras no mienten.

