Frente a los enormes retos que nos presentan desarrollos científico - tecnológicos, asociados no solamente con la inteligencia artificial, como la masificación en el uso de dispositivos electrónicos, los cambios acelerados en las formas de comunicar y de educar, las rupturas en los desarrollos urbanos, en las formas de habitar las ciudades, de relacionarnos, así como a la fractura en las estructuras familiares y dentro de ellas entre las generaciones, debemos colectivamente pensar en qué debemos hacer, qué debemos sostener, perpetuar y proteger.
Cada vez surgen menos respuestas y pareciera que se fuera imponiendo una actitud que combina la desilusión con la desesperanza, el conformismo con la impotencia, el aislamiento con la desconfianza. Hay evidencias que empiezan a emerger como el de pensar y actuar colectivamente, crear redes de apoyo, en no dejar la iniciativa a las máquinas y actuar proactivamente frente a estos complejos fenómenos que nos agobian. Pero tal vez una de las propuestas más sensatas y valiosas nos viene del lado de la cultura. La necesidad o conveniencia de volver sobre lo nuestro, sobre lo que hemos sido y tenemos como colectividad, con los valores asociados con la cultura que como sociedad hemos construido los últimos siglos, en las generaciones que nos han precedido y que con dignidad y solvencia se nos muestran hoy como sólidos instrumentos para mirar el futuro con confianza.
Una de las expresiones de esos valores la evidenciamos días pasados, cuando en la ciudad se realizó el hermanamiento de la ‘Tradición de celebrar a los ahijados con macetas de alfeñique de Cali’, manifestación que desde el año 2013 fue reconocida por el Ministerio de las Culturas como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación, con nuestra celebración de Ángeles Somos. El colectivo de artesanas de esta tradición, Asomacetas, con el apoyo de la Secretaria de Cultura de Cali estuvieron en nuestra región difundiendo la celebración que se hace todos los años asociada a la fiesta de San Pedro y San Pablo. En distintas actividades lo que se observó fue la fuerza de los valores culturales asociados con la infancia, como la población más sensible tanto a los impactos de las tecnologías y las transformaciones urbanas, como también la que puede ser depositaria de esas memorias, saberes y prácticas que nos devuelven la confianza en la humanidad, en las nuevas generaciones y en la opción de conservar aquello que estimamos valioso. Tuvimos la oportunidad de conocer a fondo y observar las similitudes entre las dos únicas manifestaciones centradas en la infancia y descubrir la enorme importancia de conocernos más como nación, de reconocer las diferencias, pero también las semejanzas en las distintas manifestaciones culturales que poseemos. Es tarea de las instituciones oficiales fortalecer ese reconocimiento de la diversidad que nos hace grandes como sociedad.
