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Columna

Ser médico, según Gossaín

“‘Primero el paciente, atiendalo de inmediato, después pregunte por el carnet’, ¡Frase salvavidas!’, expresó Gossaín”.

HENRY VERGARA SAGBINI

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En Colombia, consecuencia de la implementación de la Ley 100 de 1993, 3.000 puestos de salud se cerraron y la red pública de hospitales se asfixió financieramente. El Hospital Universitario de Cartagena no escapó de la catástrofe humanitaria: imposible olvidar aquella pesadumbre vivida en Cartagena y Bolivar, al clausurar, abrupta e inmisericordemente, el Hospital Universitario. Aún sangran heridas ocasionadas por el imperdonable ‘paseo de la muerte’, cobrando centenares de vidas, convirtiendo en cenizas los sueños de por lo menos 500 familias humildes sin que, hasta ahora, nadie responda ante la ley de Dios ni de los hombres. Inaugurado en la década de los 70, remplazó al vetusto Hospital Santa Clara que se caía a pedazos. Finalmente, después de esfuerzos descomunales de nuestros maestros, culminaron aquel portento arquitectónico, científico y tecnológico, fiel a la tecnología anglosajona, llenando de orgullo a Cartagena y la Costa Caribe, referente para el manejo de patologías médicas y quirúrgicas de mediana y alta complejidad; sin embargo, ante la insaciable politiquería y tras años de agonía, fue clausurado a mediados de 2003, iniciándose el tristemente célebre ‘Paseo de la Muerte’: fallecieron alrededor de 500 personas humildes aquejados de enfermedades graves, morían ‘paseando’ en taxis y ambulancias, recorriendo la ciudad, hasta el último suspiro. Por fortuna, durante los mandatos de Libardo Simancas Torres, gobernador de Bolívar; y Nicolás Curi Vergara, alcalde de Cartagena, el 1 de agosto de 2006, tras esfuerzos conjuntos con la Universidad de Cartagena, reabrió sus puertas prometiendo que, “¡nunca más!” retornaría semejante tragedia que recordaba el mortífero ‘Sitio de Cartagena’ por el sanguinario Francis Drake (1586). Por fortuna, hace 19 años apareció el milagro: gerenciado por el doctor Wilman Herrera Castaño, extinguiendo la matanza de enfermos humildes: el Universitario resucitó comprometido con la excelencia asistencial, científica y administrativa: docentes excelsos designados por la Universidad de Cartagena, dispuestos a espantar fantasmas, ratas y murciélagos. Urgencias, doctor Álvaro Fortich; Servicios quirúrgicos: dr. Rubén Sabogal; Consulta externa: Nirva Cabarcas; Apoyo diagnóstico, Eduardo Fernández; Apoyo terapéutico, Roger Caraballo; Cuidados críticos, Álvaro Moreno; Hospitalización, Enovaldo Herrera; Asesores técnicos: Samuel Arteaga, Julio Orozco, Germán Gonzáles, María Eugenia García; Asesora legal, Adriana Trucco; jefe Oficina Jurídica, Enrique Mazenet; coautor de estudios técnicos, Mariana Marrugo; Secretaria Gerencia, Angélica Gonzáles; Subgerente administrativo, Tomás Rodríguez; jefe Oficina de Calidad, Ariel Bello; coordinador Hospital Universitario - Universidad de Cartagena, Rodrigo Rodríguez; y Controles Especiales, Rosario Vásquez; todos gerenciados por el doctor Wilman Herrera Castaño, respaldado por Nicolás Curi Vergara, alcalde mayor de Cartagena; y Libardo Simancas Torres, gobernador de Bolívar.

Poco a poco resucitó el Universitario: urgencias 24 horas, consulta externa especializada, laboratorio clínico, imágenes diagnosticas, prometiendo que “¡NUNCA MÁS! retornaría el ‘paseo de la muerte’.

Desde entonces el ‘gigante manso y sanador’ de Zaragocilla, hoy a cargo del doctor Rodrigo Arzuza Jiménez, respaldado por el gobernador de Bolívar, Yamil Arana, recuperó sus bríos sanadores fortaleciendo el presente y visionando sólido futuro.

20 años enfrentando tragedias humanas, aferrados a la esperanza, escenario majestuoso para formación integral de los discípulos de Galeno y Esculapio, sepultando el ‘Paseo de la Muerte’. Imposible olvidar aquella mañana cuando la secretaria de Gerencia, Mariana Marrugo, interrumpió la reunión administrativa anunciando la presencia de don Juan Gossaín, aquilatado periodista y escritor: “Vine a cerciorarme si es verdad lo del aviso colocado por ustedes a la entrada de Urgencia: ‘Primero el paciente, atiendalo de inmediato, después pregunte por el carnet’, ¡Frase salvavidas!”, expresó Gossaín.

“Ser médico es apropiarse de las dolencias ajenas fieles a la ley de Dios y la Constitución en una sociedad sin miga de compasión por los que sufren, PRIMERO EL PACIENTE”. Don Juan se marchó en silencio, pero nos regaló su luz y respaldo, lástima que no se enteró de la anécdota de Teófilo, eléctrico y servicial camillero de El Universitario: esperando el primer paciente, después de 5 años de clausura, al llegar la ambulancia, salió raudo olvidando la camilla, no tuvo más remedio que cargar al paciente con fractura de cráneo mientras gritaba: “¡Llamen al Mello Sabogal”. Estuve ahí para contarlo y que jamás se nos olvide.

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