Times Square se ubica en la ciudad de New York: intersección entre Broadway (famosa por sus teatros), la Séptima Avenida y la Calle 42, formando una amplia zona peatonal, conocida internacionalmente por sus luces y actividad continua como ‘El Centro del Mundo’.
Recibe alrededor de 50 millones de visitantes por año y es transitada diariamente por más de 330.000 personas. Esta vez, la obra teatral fue una tragedia, cuyo guion estuvo escrito con sangre en tiempo real, mientras los actores ejecutaban una danza con la muerte, con el resultado de una persona gravemente herida y dos vidas lamentablemente pérdidas.
La atacante, psicóloga de profesión con maestría de la Universidad de Touro, New York, estaba diagnosticada con trastorno bipolar -pacientes que, en un altísimo porcentaje, no revisten peligro-, pero que, cuando son mal tratados, pueden optar por conductas auto o heterodestructivas. Aprendemos que los programas de salud mental pueden fallar aun cuando se aplican a profesionales formados en esta disciplina.

Cartagena no debe volver a equivocarse
Reynaldo Martínez EmilianiEn Colombia, la Corte Constitucional ha dicho que la atención psiquiátrica es una responsabilidad compartida: las EPS e IPS deben garantizar el tratamiento integral y continuo (sentencias T-525 de 2024 y T-124 de 2025); la familia tiene el deber de acompañar y apoyar al paciente como parte del principio de solidaridad (sentencia T-057 de 2012); y el Estado debe asegurar que existan servicios, políticas y protección reforzada para quienes tienen trastornos mentales (sentencia T-949 de 2013). En conjunto, la Corte insiste en que la salud mental es un derecho fundamental que exige coordinación entre estos tres actores para que el tratamiento sea efectivo y digno. Cuando uno de ellos falla en su responsabilidad, el tratamiento se dificulta y la enfermedad mental termina por deteriorar a la persona, por más formación intelectual que tenga.
Cada crisis significa un mayor daño de neuronas; por eso, en psiquiatría tenemos un aforismo: ‘A mayor número de crisis, menos neuronas, más discapacidad’. Nacemos aproximadamente con 86 mil millones de neuronas pobremente conectadas. En el desarrollo de nuestra vida, progresivamente se irán conectando y formando redes especializadas; también muchas morirán, pero pueden ser reemplazadas por la formación de nuevas neuronas (neurogenesis) y por su integración a redes funcionales (neuroplasticidad). Las mismas neuronas producen factores de neuroprotección, como el BDNF (Brain-Derived Neurotrophic Factor), que evitan que las neuronas se dañen y ayudan a repararlas.
Cuando hay una crisis, estos factores automáticamente dejan de producirse y se genera un daño neuronal que no alcanza a ser reparado. Por fortuna, contamos con una gran reserva neuronal; pero, si las crisis son repetidas, esta reserva termina por agotarse y la persona se deteriorará en sus funciones mentales, y en sus relaciones familiares, laborales y sociales.
