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Columna

Au Revoir Don Jorge

“Don Jorge era todo un personaje, directo y franco; era uno de esos sujetos que podíamos amar y temer al tiempo; era un showman y lo sabía...”.

CARLOS ANDRÉS BROCHET BAYONA

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Seguramente cada uno de nosotros atesora en sus recuerdos a rectores y profesores que marcaron nuestra infancia en algún colegio de Cartagena. En mi caso, como en el de muchos estudiantes cartageneros e hijos adoptivos de la ciudad, nos tocó asistir a uno ubicado en la calle del Tejadillo regentado por un rector muy particular: Don Jorge Antonio Irisarri Núñez, conocido cariñosamente como ‘El Bola’, quien se convertiría en pieza clave dentro del cónclave familiar que tuvo el Colegio de La Esperanza desde su fundación en 1870.

Don Jorge era todo un personaje, directo y franco; era uno de esos sujetos que podíamos amar y temer al tiempo; era un showman y lo sabía; tenía estilo, elegancia y sofisticación; nos hablaba en francés o en inglés cuando quería ‘farmear aura’; impecables trajes de lino se ajustaban al desnivel de sus hombros y una infinita fragancia europea acompañaba su ladeo en medio de largos pasillos vestidos de verde esperanza.

Fue un adelantado para su tiempo, no solo por ser pionero en el uso del teléfono móvil en la década de los 80, sino porque preparaba a los estudiantes para las exigencias de un modelo de enseñanza - aprendizaje que imperaba en ese entonces. Durante esa década hizo ajustes significativos debido a las reformas curriculares establecidas por el MEN, seleccionó a los mejores docentes, adoptó un sistema de penalización para los exámenes con el que quería desincentivar el azar, la suerte o la chiripa; fue uno de los primeros en cambiar la tiza por el marcador; combatió el fraude o machete aprovechando inmensos cuarteles ubicados en el segundo piso, para que fuera imposible hablar durante los exámenes o para no ver las respuestas del vecino que se encontraba a unos 5 metros de distancia; tanto fue el éxito de esa estrategia que aquel sitio fue bautizado como ‘el matadero’, pues de allí casi nadie salía vivo.

Don Jorge era enemigo del ocio juvenil, creó jornadas de preparación para las pruebas Icfes, afianzó la exposición científica, una feria para promover la innovación que hoy es común ver en colegios y universidades; se preocupaba más por ganar las olimpiadas de matemáticas que por ganar un campeonato de microfútbol de los Intercolegiados; salía a buscar a los estudiantes que se hacían la leva; nunca lo vi patrocinar una tómbola o un bingo en el patio del colegio, así como tampoco supe lo que era una ceremonia de grado de 11° o de 6° de bachillerato.

Para Don Jorge la disciplina era la base del éxito, tanto dentro como fuera del colegio; gracias a ella el Colegio de La Esperanza fue elevando su posición en el ranking nacional; los resultados en las pruebas Icfes le trajeron reconocimiento nacional e internacional, compitió mano a mano con las principales instituciones educativas del país, incluyendo los colegios de abolengo capitalino. Durante años Cartagena pasó a ser una importante referencia educativa. Gracias a su empeño muchos egresados pudieron estudiar becados en las mejores universidades del país y del exterior.

Guarrú: Se nos fue uno de los personajes más influyentes de la Cartagena del siglo XX; ojalá se exalte su obra y se conserve su legado. Au Revoir Don Jorge, y ve tranquilo que ‘tus mejores días están por venir’.

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