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Columna

El día D

Salimos de la iglesia a cumplir con el país, confiados, alegres y recargados en la oración. En el camino muchos vehículos hacia una misma dirección.

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Domingo mayo 31, despertada casi de madrugada, se prende el tv para escuchar las noticias del día; lo de siempre, las mismas confrontaciones, preocupaciones y dudas. Con Bea, mi esposa, teníamos un compromiso importante con nuestras vidas y debíamos prepararnos para ser patriotas.

Hora 8:00am entramos en silencio a la iglesia; en misa observaba a los creyentes, amigos, conocidos y extraños que se postraban con la mirada en la cruz orando en silencio rogando por tantos anhelos y deseos cercanos al corazón en cada rezo. Todos pensantes ante el creador por la decisión que se acercaba al salir de ese recinto. Se sentía un ambiente de esperanza y gratitud y juntos estábamos prestos a ser valientes ante el mundo; fue toda una recarga de emociones, se sintió el fervor de los presentes con la ilusión que un milagro se acercaba.

Salimos de la iglesia a cumplir con el país, confiados, alegres y recargados en la oración. En el camino muchos vehículos hacia una misma dirección; aun cuando era temprano, la gente madrugo para cumplir con el acto de responsabilidad de ese día. Dirigiéndonos al puesto de votación esperando encontrar un parqueo cercano y no caminar ante ese sol que derrite; carros, carros y más carros y de pronto “SIIIIIIII” se vislumbraba a lo lejos un vehículo saliendo y dejando a mi servicio un espacio a solo unos metros del lugar designado para nuestro voto.

Parqueamos, salimos del vehículo, un cuidador nos saludaba amablemente, alcance a decirle “gracias”; otros caminaban junto a nosotros, éramos todo un ejército de vencedores con la mirada segura, paso firme y dispuestos a todo, a lo que venga. Entramos al lugar donde debíamos ejercer nuestro deber como ciudadanos de bien; una larga fila para el ascensor, muchos vestíamos la camiseta amarilla de nuestra selección, nos sentíamos orgullosos, no había momento para vacilaciones, estábamos salvando el país, nuestro futuro y el futuro de nuestros hijos; se sentía alegría en el ambiente, todos felices, sonreíamos, nos acercábamos con la mirada.

En mi interior yo era feliz, como si la felicidad de todos entrara en mí; estábamos en uno de los mejores momentos de nuestras vidas, era un acto de fe y optimismo, un compromiso con nosotros mismos y con la nación que tanto amamos. Aun cuando apretados en el ascensor, nuestra única preocupación era que cerrara y nos llevara a los 11 al 8 piso, en un momento alcance a decir “tranquilos que todos estamos a dieta”, uno que otro sonrió; gracias a Dios cerro, en verdad fue todo un milagro.

Se abrió la puerta, un tumulto de gente, filas allá y acá, todo era un enredo; pero nuestra fe estaba intacta; me contuve a un empujón del vecino, se acercó un joven agente policial, me solicito la cédula, se la mostré a la vez que le dije “mesa 2” porque previamente sabia la mesa en que pondría mi X. A mi bella esposa también le toco la misma mesa, juntos caminamos y me sorprendió porque era la fila más larga, éramos como 30 con identificación en mano y algunos con abanicos portátiles del calor sofocante de ese momento porque estábamos en el parqueadero de un centro comercial, era todo un infierno y si nosotros éramos unos patriotas, los jurados presentes ya colgaban la gloria porque era un acto inhumano resistir 10 horas en ese entorno en que lo único que se respiraba era sudor.

Ante la euforia y el bochorno salude a la persona de atrás, colombiana que vive hace mas de 17 años en Canadá, con su esposo votaron en este mismo lugar para el senado y hoy a su marido le sale la inscripción en Montreal, se perdía un voto; así igual nos enteramos de alrededor 10 o mas personas que habiendo votado acá hoy no podían ser victoriosos al salir registrado en otra ciudad.

Fueron minutos de avance lento con el sudor rodando por mi frente, en cada paso llevaba una esperanza; al fin llegué a la mesa, entregué mi cédula, marqué mi X y deposité mi voto con orgullo, convencido de que ese pequeño gesto abre camino a una nueva victoria para Colombia.

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