La cosa pinta que el próximo 7 de agosto, si todo sale bien este domingo, tendremos por Primera vez en 132 años, a un presidente genuinamente costeño en Colombia, y a mí, esto me llena de ilusión. En parte porque creo que será positivo para la región, tantas veces relegada por prioridades centristas. Y en parte porque el candidato ha triunfado sin desconocer su costeñitud o usarla para hacer política identitaria. Lo contrario: ha exhibido atributos culturales costeños con orgullo y estos le ha servido para potencializar el éxito de su candidatura.
Primero, autenticidad:En la costa celebramos la singularidad del individuo. Para la muestra, la plétora de personajes que adornan la celebración de la Batalla de Flores del Carnaval de Barranquilla.
Usamos frases como “con ese rompieron el molde” o “fulanito es un personaje”. Rara vez nos referimos a alguien por su apellido, prefiriendo siempre el nombre de pila, usamos “el” y “la” (ej: El Tigre) antepuesto al nombre o apodo para resaltar su idiosincrasia. Admiramos al que es uno solo en público y en privado, sin una versión editada para el público. Cantar opera y vestir de vanguardia, siempre que sea genuino, suma.
Segundo, franqueza:En la costa se valora al que dice lo que piensa de manera directa y sin eufemismos. No es casualidad que el poema célebre del Tuerto López sobre su ciudad nativa la célebre tal cual era:
“Hoy estás rancia, desolada y vieja... mas hoy, llena de rancio desaliño, bien puedes inspirar ese cariño que uno le tiene a sus zapatos viejos.” — El Tuerto López
Esa falta de filtro puede confundirse con agresividad. Pero detrás hay más bien honestidad y un rechazo a la doble moral y a la solapadería. En esta ocasión resultó ganador llamar a las cosas como son: decirle, por ejemplo, al bandido bandido, o incluso aceptar errores y disculparse cuando se mete la pata. La franqueza, suma.
Tercero, mamadera de gallo: Aquí en la costa de la mamadera de gallo, ni la muerte se escapa:
“El día que yo me muera, no quiero llanto de nadie, yo lo que quiero es que lleven mi cajón con alegría... que me toquen un merengue bien sabroso, porque la muerte en la vida es un descanso” — Diomedes Díaz
Más al sur puede ser confundida como falta de seriedad o inclusive como grosería. Allá tienen espacios para temas serios y espacios para el humor, y estos no se mezclan. En la costa, en cambio, usamos el humor para aligerar cualquier situación y es siempre bienvenido. Reírse no quita seriedad y, en cambio, permite afrontar la adversidad con alegría y creatividad. Tomar los temas muy en serio, sin tomarse a uno muy en serio, suma.
Aquí en la costa ya nos hemos acostumbrado a, por ejemplo, la frugalidad de los dirigentes paisas, y la solemnidad de los bogotanos. Ambos atributos que considero positivos para un dirigente. Tal vez algo de costeñitud en un dirigente sume, y sea justo lo que necesita Colombia en esta coyuntura.

