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Columna

El camino se llama estrategia

“Lo estratégico es que Colombia escoja un rumbo compartido, que combine crecimiento, equidad social...”.

Javier Lastra Fuscaldo

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Los ‘milagros’ de los que habla el presidente electo de Colombia son, en su mayoría, objetivos de gobierno. Pocos discuten la necesidad de restablecer la seguridad, la salud, luchar contra la corrupción, garantizar una educación universal, garantizar el crecimiento económico así como la seguridad energética.

Todos son propósitos loables, pero en mi opinión, coyunturales.

Colombia, sin embargo, necesita abrir una conversación más profunda: ¿en qué país queremos convertirnos dentro de 20 o 30 años? Así lo hicieron países como Singapur, Corea del Sur o Emiratos Árabes Unidos. Partieron con menos ventajas comparativas que Colombia. No llegaron a sus ‘milagros’ por azar ni por discursos, sino porque definieron un propósito nacional y lo ejecutaron con disciplina durante décadas.

A partir del 7 de agosto vale la pena preguntarnos si nuestro gran propósito nacional no debería ser consolidar un país seguro y en paz; convertirnos en el hub energético, logístico y tecnológico de las Américas; liderar el aprovechamiento sostenible de nuestros recursos naturales y contar con una matriz energética diversa, donde convivan todas las tecnologías.

En esa visión, el Caribe colombiano está llamado a desempeñar un papel estratégico por su ubicación, su potencial portuario y su riqueza energética.

Colombia debe proponerse ir más lejos, transformar sus recursos naturales invirtiendo en conocimiento e innovación para agregarles valor, de manera que podamos competir con éxito en las cadenas globales y reducir su dependencia comercial ampliando los mercados de destino.

Los gobiernos democráticos son transitorios: administran el presente durante cuatro años.

El proyecto de Nación, en cambio, debe trascenderlos y convertirse en una política de Estado.

Lo verdaderamente estratégico es que Colombia escoja un rumbo compartido, que combine crecimiento, equidad social y responsabilidad fiscal, y lo sostenga en el tiempo.

Nuestro país no necesita esfuerzos aislados ni mesiánicos, como tampoco que las “abejas se junten con el jaguar para derrotar al tigre”, sino por el contrario, requiere una visión estratégica de largo plazo, que convoque a todos en defensa de los intereses comunes de Colombia.

Solo así, unidos alrededor de un propósito nacional, los “milagros” dejarán de ser una promesa de gobierno para convertirse en el resultado de una estrategia de Estado, de largo plazo, en la que todos seamos protagonistas.

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