Columna

Fútbol

Pero hoy no hay sitio vedado para practicar el culto al balón: La sala de la casa y los propios cuartos de dormir; también en la plaza cercana.

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El fútbol que nació como una práctica popular en Inglaterra y se extendió por todos los rincones de la tierra es hoy la gran religión universal. Como los dioses del Olimpo, los jugadores son idolatrados por la multitudes. Los estadios de fútbol no son la simple gramilla verde para el juego, ni el amplio espacio para correr tras el balón, son templos sagrados a los que se asiste a un culto ineludible y feliz.

En viejas civilizaciones como China se jugaba a la pelota y en la Incaica se practicaba algo parecido. Pero hoy no hay sitio vedado para practicar el culto al balón: La sala de la casa y los propios cuartos de dormir; también en la plaza cercana. En la calle los transeúntes se apartan para no estorbar la práctica del maravilloso juego. En el comedor, mi nieto, Juan Antonio, siempre derrota a los ausentes adversarios. Nadie se resiste a la tentación de patear una pelota cercana cayera donde cayera.

Sí, es un rito sagrado. La alegría del gol se expresa con un grito que sale sonriente de la garganta y alcanza decibeles increíbles. El gol decisivo del último minuto lleva a los altares del arte al oportuno anotador.

En nuestro continente siempre nos preguntamos si Brasil es mejor que Argentina o Argentina es mejor que Brasil. Pero en el corazón ganan los brasileros ante la llamada petulancia de los argentinos. ¿Cómo quedó el partido? Empatado: Colombia cero goles, Argentina cero golazos. Así el buen humor explica esos sentimientos.

En Colombia, por los años 50, se jugó un fútbol de gran calidad gracias a la llegada de consagradas figuras de Argentina como Pedernera, Di Stefano, el Pibe Real, Cozzi, y muchos más. Un fenómeno económico político que nos legó los tiempos de El Dorado, del “Ballet Azul”, como se le decía al toque toque que practicaba Millonarios. Sí, el Millos que en esa época le ganó en la propia capital de España al Real Madrid 4-2. Todavía me emociona el resultado.

Con esas añoranzas surge siempre el poema de C. Drummond de Andrade

¿ Al fútbol se juega en el estadio?

Al fútbol se juega en la playa,

Al fútbol se juega en la calle,

Al fútbol se juega en el alma,

Idéntico balón, forma sagrada

para los cracks o los pata de palo.

La misma exuberancia de chutar

en la delirante Copa de Mundo

que en el más árido pedregal.

Piruetas de súbitas estatuas,

Fantásticos dibujos, bailados

por entrelazados pies y torsos.

Lúdicos instantes: flota

El jugador, grabado en el aire.

Por fin, el cuerpo triunfante

contra la triste ley de gravedad.

El miércoles 17 el seleccionado colombiano le ganó a Uzbekistán con buen marcador: 3-1. Despierta las esperanzas en las próximas contiendas. Lucho Díaz fue la estrella: hizo un golazo.

El último tanto se debe a la tenacidad de El Cucho Hernández. Peleó y mantuvo la propiedad del balón y lo centró a la perfección para que sentenciara Campaz el 3-1. Aplausos. Muchos aplausos.

PS. En estos momentos los colombianos nos estamos jugando el futuro: democracia vs. populismo pendenciero ¡Yo votaré por Abelardo, un hombre de mi Caribe indómito!

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