La carta a García narra un episodio real de la guerra hispano-estadounidense, una lección inspiradora sobre la responsabilidad y la iniciativa: cuando el presidente McKinley necesitó entregar una misiva urgente al general cubano Calixto García, encargó la tarea al teniente Andrew Rowan, quien no pidió instrucciones, no dio excusas, ni buscó garantías, simplemente tomó la carta, atravesó selvas y peligros, encontró a García y cumplió la misión. Elbert Hubbard usa esa experiencia como metáfora para criticar a quienes esperan órdenes, se quejan o dependen de supervisión constante, y para ensalzar a quienes actúan con discreción, eficacia y sentido del deber, sosteniendo que el mundo necesita personas que, como Rowan, hagan estrictamente lo que se debe hacer.
Pero no me refiero a esa carta, sino a la fechada el 26 de agosto de 2025, firmada por Camilo García Giraldo, escritor y filósofo exiliado en Suecia. García expone su testimonio personal sobre hechos que sostiene ocurrieron en 1987, relata actos de intimidación, amenazas y seguimiento, determinados por diferencias ideológicas al interior del Partido Comunista Colombiano (PPC) y del Secretariado de las Farc.
De acuerdo con la versión de Camilo García, en su momento miembro del PCC y cercano al Secretariado, a quienes visitaba en Casa Verde -refugio que también solían frecuentar Iván Cepeda y su padre-, en el seno de esa organización criminal se habría generado un debate en el que reiteradas veces se declaró partidario de abandonar la lucha armada como forma de llegar al poder.
Esa postura fue también asumida por varios miembros del PCC, como José Cardona Hoyos, quien no obstante recibir amenazas, escribió y publicó el libro ‘Ruptura’ (que aconsejo leer), subtitulado: ‘Una camarilla que corroe a las Farc’. Dos días después de la publicación fue asesinado. Menciona también a Danelis Salas, joven y agraciada mujer, compañera sentimental del periodista Jorge Eugenio Botero, secuestrada y ejecutada por las Farc, acusada de traidora por sostener la misma postura política, asesinato cometido ante el silencio cómplice de su pareja. Afirma que tal desaparición fue atribuida falsamente al Ejército Nacional.
García documenta en su misiva que, al interior del PCC, existía un temible grupo especial estalinista que se encargaba de identificar a los miembros o simpatizantes que acogieran dicha postura, considerada como la línea blanda, para amenazarlos o asesinarlos; y que debido a casos similares decidió huir y exiliarse en Suecia.
Señala que años más tarde, durante un breve regreso al país, ocurrió un incidente particularmente secreto, que le permitió confirmar que Iván Cepeda era parte de dichas intimidaciones. Manifiesta que consideró pertinente divulgar estos hechos, como advertencia pública, ante la candidatura de Iván Cepeda a la Presidencia de Colombia. Cepeda por su parte, ha negado tales afirmaciones.
*Psiquiatra.

