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Columna

Nehemías

“Estos primeros años serán el camino en el que cada uno de nosotros haremos nuestra parte, como el renacer de Jerusalén luego de un periodo ruinoso”.

Orlando Bustillo Pareja

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Por el camino de Nehemías podremos, en cuatro años, decir si se hizo el milagro abriendo el camino de la recuperación y construcción de la República. Que en el 2030 no tengamos que volver elegir con una espada en la cabeza. Acaba de comenzar la esperanza organizando un gran equipo de gobierno, personas idóneas y un líder como el presidente Abelardo De La Espriella, joven inteligente y ha demostrado que está preparado para estos tiempos de grandes cambios y, más importante, un cambio de época. Reto mayúsculo recibe una herencia maldita, la policrisis en temas cada uno de ellos más sensible e importante que el otro. Seguridad, salud, suficiencia energética, solidez fiscal y sabiduría en educación. La salud de la nación precisa de un gran proceso de articulación entre todas las dependencias del Estado y una meta superior: reducir la pobreza e inequidades. Buscar un equilibrio en sostenibilidad con el medio ambiente que no resiste más agravios. Cuando estoy escribiendo esta columna se siente el profundo y amplio terremoto en San José del Palmar, en Chocó, y vemos el sufrimiento en la gente nuevamente. No podemos evitar acordarnos de Popayán, Armero, Ciudad de México y el Tsunami del Océano Índico de diciembre 26 de 2004, conocido en la comunidad científica como terremoto de Sumatra - Andamán, devastador terremoto submarino. Refuerza el mensaje del rabino David Michan: “La repetición de la palabra justicia nos enseña que no basta con alcanzar un resultado justo, sino también el camino debe estar guiado por la integridad, por la honestidad y por el respeto a la dignidad de cada persona. El señor presidente ha procurado poner siempre a Dios por delante; mientras usted siga poniendo a Dios por delante, que Él le conceda la sabiduría, la fortaleza y la humildad para guiar a su pueblo”, volver a construir por el camino de Nehemías como nos lo recuerda en el versículo 8 de Magnifica Humanitas, el papa León XIV. Evitar la dispersión de Babel y enfocarse en las necesidades de construir un país sin odios, solidario y caritativo con el prójimo. Estructurar una base normativa en lo jurídico, respetando los derechos humanos y hacer el mejor esfuerzo para cerrar las brechas sociales siendo más empáticos con el que poco tiene y el que necesita oportunidades en un mundo tan cambiante y que pocos tienen las oportunidades de su desarrollo personal, y las amenazas del oligopolio de la IA. Pedirle milagros en cuatro años al presidente y su gabinete es mucho pedir, ese periodo es corto para apuntalar las bases de un Estado incluyente, legítimo y soberano; pero puede ser mucho si nos extraviamos en el camino. Estos primeros años serán el camino en el que cada uno de nosotros haremos nuestra parte, como el renacer de Jerusalén luego de un periodo ruinoso. La ciudad renace cuando sacerdotes, civiles, cabezas de familia y todos y cada uno sigue al líder. Sin dejar de ejercer el derecho de opinar y hablar cuando consideremos que el proyecto se desvía y la soberanía nacional se pone en juego, y más importante las libertades.

PS: solidaridad y oración con nuestros hermanos del Pacífico y Eje Cafetero.

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