La vida es una continua peregrinación hacia un destino final: vivir eternamente en la plenitud del amor con Dios. En el camino necesitamos discernir lo que nos acerca o nos aleja de Él, para alinear nuestro proyecto de vida, nuestras metas y acciones con su voluntad; acoger la redención de Jesús y aprovechar los medios que nos ofrece su Iglesia para caminar hacia el Padre y ayudar a otros a encontrarlo.
Acabamos de vivir unos días hermosos de peregrinación por lugares santos y santuarios marianos, donde se han dado manifestaciones del cielo que nos invitan a tomar mayor conciencia de nuestra condición de peregrinos. Estos lugares nos ayudan a elevar la mirada hacia nuestro destino eterno y a construir, desde la Tierra, realidades coherentes con aquello que nos conduce a Dios. Cuando nos dejamos impregnar por su amor, podemos aportar, entre todos, a la construcción de un mundo más justo, fraterno y esperanzador.
Esa conciencia también ilumina nuestra vida ciudadana. Este domingo 21 de junio es un día crucial para Colombia. No solo elegimos gobernantes; también expresamos, con nuestro voto, una visión de país, de persona humana, de libertad, de familia, de justicia y de bien común. Como creyentes y ciudadanos, estamos llamados a discernir con responsabilidad qué propuestas se acercan más a los valores que defendemos y qué caminos pueden conducirnos a una patria más libre, honesta, solidaria y respetuosa de la dignidad humana.
Me gustan mucho los testimonios de fe y las promesas de consagrar nuevamente nuestro país al Sagrado Corazón de Jesús, porque expresan el anhelo de muchos colombianos de reconocer la soberanía de Dios en nuestras vidas. Cuando Dios ocupa el centro, se fortalece el deseo de vivir en el bien, la honestidad, el amor y la justicia, guiados por su Sagrado Corazón.
Tengo la esperanza de que Colombia se anime a defender su democracia y sus valores patrios con la propuesta que nos han hecho Abelardo De la Espriella a la Presidencia y José Manuel Restrepo a la Vicepresidencia. Que salgamos todos a votar y a aportar nuestro grano de arena para que esta opción gane con amplia diferencia; pero, sobre todo, que estemos dispuestos a contribuir, desde nuestras propias responsabilidades, a vivir mejor la solidaridad, la búsqueda del bien común, la integridad, el cumplimiento de nuestros deberes ciudadanos y la fidelidad a Dios. Con esta esperanza, damos nuestro voto al Tigre.
Somos peregrinos. Nuestra patria verdadera es el cielo con Dios, pero Él nos anima a construir, desde esta vida terrena, realidades orientadas al reino de justicia, paz y amor al que todos debemos contribuir. Si buscamos primero el reino de Dios y su justicia, todo lo demás se nos dará por añadidura.
