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Columna

Reducción de la pobreza y elecciones

“El próximo gobierno tiene la responsabilidad de evitar que estos avances se conviertan en una victoria pasajera...”.

Mauricio Cabrera Galvis

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Es difícil elegir un tema para esta columna en la víspera de las elecciones presidenciales más polarizadas de la historia reciente, en las que no se han podido debatir a fondo los problemas más importantes que enfrentará el próximo presidente, cualquiera que sea.

En medio del ruido de la campaña hay una noticia que debería ocupar el centro del debate, pero que apenas ha recibido atención: Colombia ha logrado grandes avances sociales registrando los niveles más bajos de pobreza y desigualdad de su historia.

Las cifras son contundentes. El número de personas en situación de pobreza monetaria cayó de 31,8% a 28% en 2025, el más bajo de toda la historia y muy por debajo del nivel alcanzado antes de la pandemia, que era el 36,5%. También el número de quienes viven en pobreza extrema cayó a 9,6%, mientras que el año pasado era 11,7% y 12% en 2019.

Un avance aún mayor muestra el indicador de pobreza multidimensional, que mide los hogares con carencias en educación, salud, vivienda, empleo y acceso a servicios públicos; descendió a 9,9%, mientras que antes de la pandemia era 17.7%. Además, el coeficiente de Gini, la medida de la desigualdad, se redujo de 0,551 a 0,531.

Estos no son números fríos. Son 5,2 millones de colombianos que han salido de la pobreza en este gobierno, y 1,8 millones que ahora tienen por lo menos para comer. Este debería ser un criterio primordial para evaluar cualquier gobierno.

Es un gran avance pero falta mucho. Todavía hay 14,5 millones de compatriotas que no tienen lo suficiente para una vida digna y 5 millones que viven en la miseria. Mejorar las condiciones de vida de toda la población y construir una Colombia menos desigual debe ser el objetivo prioritario de cualquier gobierno. Todos los demás pueden ser importantes pero son solo objetivos intermedios necesarios para el bien-estar de los colombianos.

Todos anhelamos paz y seguridad, soñamos con que desaparezca la corrupción, tememos a los estallidos sociales y quisiéramos que la economía creciera más. La reducción de la pobreza requiere todas estas condiciones, pero para lograrlas es indispensable que haya paz social, la cual requiere dos condiciones: la primera, que el presidente gobierne para todos los colombianos y no quiera exterminar a la oposición y la segunda, que se mejore la situación de los más vulnerables, y disminuyan las enormes desigualdades del país.

El próximo gobierno tiene la responsabilidad de evitar que estos avances se conviertan en una victoria pasajera. Las crisis económicas golpean con mayor fuerza a los hogares vulnerables y pueden revertir los progresos alcanzados. Continuar reduciendo la pobreza exige preservar la estabilidad macroeconómica, recuperar la inversión privada, mejorar la calidad de la educación, fortalecer la generación de empleo formal y garantizar que los programas sociales lleguen a quienes más los necesitan. Por eso es indispensable un acuerdo nacional y el pacto fiscal que he analizado en estas columnas.

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