Es muy significativo que en los últimos cuatro años el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes haya aprobado tres manifestaciones de la ciudad y se incorporen a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Nación (Ángeles Somos, las Manifestaciones Culturales Asociadas a la Champeta y la Vida de Barrio de Getsemaní). Ya previamente se había aceptado la postulación de las Fiestas de Noviembre, pero por diferentes razones aún no se ha aprobado su Plan Especial de Salvaguardia, la condición para ingresar a esa lista representativa.
Hace pocos días el Concejo aprobó la Fiestas de Noviembre como patrimonio cultural de la ciudad y deberían estar en proceso de formalización un conjunto de manifestaciones de nuestra cultura inmaterial, que den cuenta del rico acervo patrimonial que hemos ido construyendo y que hoy nos caracteriza como ciudad.
El reconocimiento de manifestaciones culturales por la Unesco o por el Ministerio de las Culturas no es un regalo, no es un premio, no es un título honorario, como se pensó en 1984, cuando esa institución le dio a Cartagena la distinción de que el conjunto patrimonial conformado por murallas, baluartes y las construcciones materiales de índole civil, militar y religioso eran patrimonio de la humanidad. Solo más de 20 años después se empezó a comprender lo que eso significaba y aún hoy, muchos en la ciudad no tienen clara comprensión de ese reconocimiento. El valor e importancia del patrimonio inmaterial (de eso que en esencia somos, de eso que hemos venido moldeando en décadas) es aún muy débil en extensos sectores sociales y ello se refleja en muchos aspectos, pero a su vez nos genera una débil comprensión de la necesidad e importancia de trabajar por fortalecer nuestro sentido de pertenencia, nuestra identidad como sociedad y aun más, impide el fortalecimiento de la autoestima como seres culturales.
Llama la atención que en las redes sociales no hay semana que no veamos la oferta de programas de formación avanzada en el amplio espectro de la cultura, desde diplomados, programas de pregrado, especializaciones, maestrías y hasta doctorados. Creemos que ello responde a por lo menos tres aspectos: Uno, la imprescindible necesidad de cualificar el talento humano de las personas que se asumen o desempeñan como gestores culturales. Dos, al papel cada día más trascendental de la cultura como motor, como herramienta de transformación social. Y tres, a los roles que la cultura viene desempeñando tanto en función de dinámicas como el turismo, como en especial por su aporte económico a la vida de las comunidades, en particular en sociedades con las fracturas y debilidades en oportunidades de empleo e ingresos como la nuestra.
En esta línea el Observatorio de Infancia y Adolescencia ‘Ángeles Somos’ estará ofreciendo un diplomado para fortalecer capacidades y competencias para la cualificación de gestores culturales.

