Columna

La educación como legado

“Mientras sigamos creyendo en el poder transformador del conocimiento, Cartagena tendrá siempre la posibilidad de construir un futuro más próspero, competitivo y humano...”.

Alberto Roa Varelo

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Hace casi cuatro décadas regresé al Caribe convencido de que el destino de una región no está escrito en su geografía, sino en la capacidad de su gente para crear oportunidades. Desde entonces he dedicado mi vida a la educación, porque pocas causas tienen un impacto tan profundo sobre el desarrollo de las personas y las sociedades. Hoy, al cerrar un ciclo de ocho años como rector de la Universidad Tecnológica de Bolívar, reafirmo aquella convicción de que la educación de calidad sigue siendo la herramienta más poderosa para transformar vidas y construir futuro.

Durante estos años he tenido el privilegio de ver cómo miles de jóvenes llegan a la Universidad con sueños e incertidumbres, y salen de ella con conocimientos, confianza y la posibilidad real de cambiar su historia. Esa es, quizás, la mayor contribución que una institución de educación superior puede hacer a una ciudad y a una región. Su misión es mucho más amplia que solo formar profesionales, pues en ella se construyen capacidades, se impulsa la innovación, y se imaginan y crean mejores futuros.

He sostenido en varios escenarios que la UTB es uno de los mayores tesoros de Cartagena y mucho más que un campus universitario: hemos fortalecido la investigación, ampliado las oportunidades de acceso a través de becas y apoyos financieros para miles de jóvenes y familias de la región, estrechado los vínculos con sectores estratégicos y consolidado una visión conectada con los desafíos de su entorno y con estándares internacionales.

El valor de estos avances reposa sobre las historias de vida que han encontrado nuevos caminos gracias a la educación, en los profesionales que hoy aportan al desarrollo de Cartagena, del Caribe y del país, y en las soluciones que genera una comunidad académica a problemas reales. Pocas instituciones tienen una capacidad de impacto tan profunda y duradera sobre el futuro de una ciudad.

Mi ciclo culmina con gratitud y optimismo. Gratitud hacia estudiantes, profesores, colaboradores, graduados, empresarios, aliados y líderes de la región que han creído en el poder transformador de la educación y que hicieron posible este camino. Y optimismo porque estoy convencido de que la UTB seguirá siendo un actor fundamental para enfrentar los retos de Cartagena y el Caribe colombiano, pero también para aprovechar, con talento y una apuesta por la educación de calidad, las oportunidades que abren la transición energética, la transformación digital y la economía basada en el conocimiento.

Los liderazgos cambian, pero las instituciones permanecen. Y mientras sigamos creyendo en el poder transformador del conocimiento, Cartagena tendrá siempre la posibilidad de construir un futuro más próspero, competitivo y humano.

Ese ha sido, y seguirá siendo, el propósito que da sentido a esta historia.

Las opiniones aquí expresadas no comprometen a la UTB ni a sus directivos.

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