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Columna

La grandeza comienza en nosotros

La verdadera transformación nace cuando cada persona decide vivir conforme a los más altos valores humanos.

Arturo Acero Franco

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Las elecciones presidenciales han quedado atrás, ahora comienza el desafío más importante: construir el país que todos anhelamos. El presidente Abelardo de la Espriella podrá liderar un rumbo, impulsar reformas y tomar decisiones trascendentales; pero ninguna nación alcanza su máximo potencial si sus ciudadanos no asumen también su responsabilidad. El futuro de Colombia no depende únicamente del Gobierno, depende del comportamiento diario de millones de colombianos.

La verdadera transformación nace cuando cada persona decide vivir conforme a los más altos valores humanos. El respeto nos permite convivir en paz aun cuando existan diferencias; la honestidad fortalece la confianza entre ciudadanos e instituciones; la responsabilidad nos impulsa a cumplir nuestros deberes; la solidaridad nos recuerda que el progreso tiene mayor sentido cuando nadie queda atrás; la empatía nos enseña a comprender las necesidades de los demás; la justicia inspira el trato equitativo, y la tolerancia convierte la diversidad en una fortaleza y no en un motivo de división.

Una nación próspera necesita disciplina, esfuerzo, puntualidad, integridad, gratitud, humildad, civismo, compromiso, lealtad, perseverancia y amor por la patria. Es momento de abandonar la cultura de la indiferencia, la corrupción, el incumplimiento y la violencia para reemplazarla por la cultura del mérito, la legalidad y el trabajo bien hecho. Debemos comprender que los derechos siempre están acompañados de deberes. El buen ciudadano también se reconoce por sus actos cotidianos: cumplir las normas de tránsito, no conducir bajo los efectos del alcohol, pagar los impuestos, rechazar el soborno, respetar las filas, cuidar los parques, las playas, los monumentos y los bienes públicos, no arrojar basura a las calles, reciclar correctamente, proteger el medio ambiente, cumplir la palabra dada, llegar puntualmente, saludar con cortesía, dar las gracias, pedir disculpas cuando corresponde, tratar con dignidad a todas las personas, ayudar al adulto mayor, al enfermo y al necesitado, rechazar la corrupción, actuar siempre con ética, denunciar la ilegalidad, respetar la propiedad ajena, y trabajar con excelencia son acciones sencillas que, multiplicadas por millones de colombianos, tienen el poder de transformar una nación.

También debemos construir país desde nuestros propios espacios. En el hogar, educando a nuestros hijos en valores y respeto. En la empresa, ayudando a nuestros colaboradores a crecer, capacitarse y mejorar su calidad de vida. En las fincas, ofreciendo condiciones dignas a quienes trabajan con nosotros. En los edificios y conjuntos residenciales, valorando la labor de porteros, vigilantes y personal de servicio. Si tenemos empleados domésticos, preocupémonos también por su bienestar y por el de sus familias. La historia demuestra que los pueblos que prosperan son aquellos donde millones de personas entienden que cada acción individual tiene un impacto colectivo. El ejemplo inspira, la honestidad contagia, la solidaridad une y el trabajo constante abre el camino hacia el progreso.

La Patria Milagro no será el resultado exclusivo de un gobierno. Será la obra de una sociedad que decidió recuperar sus valores, fortalecer su conducta y asumir con orgullo el deber de construir una Colombia más segura, más justa, más próspera y más unida. Ese milagro comenzará el día en que cada colombiano entienda que el cambio de la nación empieza por el cambio de sí mismo.

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