Treinta y cinco años después de haber sellado el mayor pacto de reconciliación de nuestra historia, el espíritu de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991 sigue más vivo que nunca.
En el reciente encuentro que convocamos en el Cubo de Cristal de Barranquilla, volvimos a mirarnos a los ojos aquellos que, en medio de la peor oscuridad del narcotráfico y el terrorismo, fuimos capaces de deponer las diferencias para redefinir el rumbo de Colombia. Éramos 74 almas diversas que nos abrazamos para salvar a la nación de la guerra; hoy, el llamado es a fundirnos en un nuevo abrazo colectivo para salvarla de la exclusión y del olvido.
La Constitución de 1991 nos entregó instituciones indispensables y herramientas formidables como la acción de tutela. También dejó sembrada una semilla que ha sido el motor de mi vida entera: la promesa de un Estado verdaderamente descentralizado y autónomo, consignada en los artículos 306 y 307.
Sin embargo, tras más de tres décadas, el centralismo asfixiante se resiste a soltar el poder. Nos ha tocado abrir la trocha a machete limpio, superando fiascos legislativos y batallando paso a paso para que las regiones dejen de ser una abstracción jurídica y pasen a contar con competencias reales y recursos propios.
Como bien nos recordaba en Barranquilla el compañero constituyente y exvicepresidente de la República Angelino Garzón, al sellar una firme alianza por esta causa autonómica: “La gente no vive en casas en el aire; vive en las regiones y allí es donde primero debe estar la solución a sus necesidades”.
Ya no hay marcha atrás. El camino que iniciamos con el histórico Voto Caribe y que consolidamos con esfuerzo a través de la creación de la RAP Caribe y su transición hacia la Región como Entidad Territorial (RET) es, sin duda, nuestra meta fija. Por eso, obtuvimos el firme respaldo de las asambleas departamentales, recibimos la viabilidad de la Comisión de Ordenamiento Territorial (COT) y queremos que el nuevo Gobierno respalde el proyecto de ley que dé paso al referendo.
Así pavimentamos la ruta para que en octubre de 2027 los colombianos acudan a las urnas a votar por el Referendo por las Regiones. Le preguntaremos al país si quiere dar el salto socioeconómico hacia un modelo de regiones autónomas que impida que se siga decidiendo, desde un escritorio en Bogotá, sobre el 85 % de las riquezas que producimos en los territorios.
Este no es un proyecto personal ni partidista; es un clamor de justicia y equidad territorial respaldado por constituyentes, la academia, líderes sociales y gobernadores que entienden que el desarrollo nace en los territorios. Los problemas constitucionales, como bien aprendimos del jurista, filósofo y político alemán Ferdinand Lassalle, no son simples problemas de derecho, sino problemas de poder. Por eso, hoy el poder de decisión debe retornar legítimamente a la ciudadanía a través de las urnas.
Hicimos historia una vez cuando convertimos las balas en palabras. Hoy, con el corazón henchido de patria, la misma emoción y una voz activa e inquebrantable, les digo: ¡Hagamos historia de nuevo! Convoco a todos los colombianos a unirse a esta causa, a vencer el escepticismo y a respaldar con determinación el Referendo de 2027.
Es el momento de construir la Colombia justa, eficiente, próspera y conectada con la realidad de su gente que tanto hemos soñado. ¡Todos a apoyar el referendo!

