Hay ocasiones en las que vale la pena apartarse por un momento del ruido de la actualidad, de las polémicas urgentes y de los asuntos que suelen ocupar estas páginas, para hablar de aquello que, en definitiva, sí merece ser contado y me refiero a la alegría que produce ver a un buen amigo alcanzar una meta largamente perseguida, sobre todo cuando ese logro no proviene del azar, de caprichos, ni de los favores, sino del estudio, la constancia y una vida profesional construida con seriedad y consagrada a la genuina virtud.
Por eso hoy, desde la satisfacción que siento como amigo, hermano y compadre, pero también desde la admiración que inspira su recorrido como abogado y docente quiero hacer un homenaje a David Leonardo Sandoval Meléndez, por su nombramiento en propiedad como magistrado de la Sala Especializada en Extinción de Dominio del Tribunal Superior de Medellín, lo que representa la culminación de un proceso difícil y, al mismo tiempo, el comienzo de una responsabilidad que, sin duda, se encuentra a la altura de sus capacidades.
Quienes conocen la historia de la Convocatoria 27 de la Rama Judicial saben que no fue un camino breve ni sencillo, ya que, durante años, sus participantes tuvieron que avanzar en medio de demoras, incertidumbres y obstáculos que pusieron a prueba mucho más que sus conocimientos. Para nadie es un secreto que fue un concurso prolongado y tormentoso, por lo que llegar hasta el final exigía paciencia, carácter y una confianza profunda en el valor del mérito. Obviamente, David supo mantenerse firme y demostrar, en cada etapa, la calidad intelectual, académica y profesional que hoy encuentra un reconocimiento justo.

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Carolina Santacruz-PérezPero, sería incompleto hablar únicamente de sus credenciales, de su preparación jurídica o de la responsabilidad que ahora asume, porque detrás del profesional riguroso existe un ser humano de profundas convicciones, leal con sus amigos y generoso con quienes comparten su camino y es justo ese aspecto personal el que explica buena parte de su talante, porque la justicia no se aprende solamente en los códigos ni se ejerce exclusivamente desde un despacho, sino que también se revela en la manera de tratar a los demás, en la capacidad de escuchar y en la disposición para actuar con rectitud incluso cuando nadie está observando.
A lo largo de todos estos años de nuestra amistad he podido conocer a un hombre que entiende la cercanía como compromiso y, por supuesto, a alguien cuya palabra es una forma de promesa. Es de esas personas que, aun cuando no está presencialmente ofrece confianza, porque sabemos que detrás de sus decisiones existe criterio y cuando brinda afecto, este es absolutamente sincero. Además, se resalta que en tiempos en los que tantas relaciones fraternales se vuelven circunstanciales, conservar una amistad así constituye un privilegio que no debe callarse ni reservarse para las despedidas.
Hay, además, un rasgo suyo que para todos quienes lo conocemos, retrata de manera especial su sensibilidad y es su amor por los animales, el cual no es una afición pasajera, sino una expresión cotidiana de respeto por la vida. David es un animalista consagrado, quizá el primero que conocí y quien logró contagiarme, y eso solo se explica en el hecho de que él es capaz de reconocer dignidad y vulnerabilidad en aquellos seres que dependen de nuestra protección. Tal vez esa sea la misma razón por la que su sentido de la justicia resulta tan auténtico, porque quien se conmueve ante el sufrimiento de un animal y se ocupa de protegerlo, comprende que la verdadera grandeza empieza en el trato que ofrecemos a quienes no pueden defenderse por sí mismos.
Por todo eso, su llegada a la magistratura superior constituye una buena noticia no solo para quienes lo queremos, sino también para la administración de justicia, esa toga estará en los hombros de un jurista preparado, de un docente que conoce el valor de transmitir el conocimiento y de un ser humano consciente del impacto que cada decisión puede tener sobre la vida de otros; su cargo, desde luego, no crea esas virtudes, simplemente les concede un escenario más amplio para ponerse al servicio de la sociedad.
Sé que él no es dado a recibir elogios ni reconocimientos, pero no podía dejar pasar esta oportunidad para celebrar sinceramente este paso tan importante, porque es que con demasiada frecuencia dejamos las palabras importantes para cuando ya no pueden ser escuchadas, como si el reconocimiento tuviera que llegar tarde para parecer verdadero. Por eso hoy prefiero decir que me alegra su triunfo, que admiro su perseverancia y que celebro la justicia de verlo ocupar un lugar conquistado con esfuerzo y merecimiento.
David, espero que esta nueva etapa te permita ejercer la magistratura con la misma inteligencia, sensibilidad y rectitud con las que ha recorrido su vida profesional y personal. Y que, al mirar hacia atrás, puedas reconocer en cada dificultad superada una razón adicional para honrar el camino.
A mi amigo, hermano y compadre, mi abrazo y mi alegría. Su nombramiento confirma que algunas esperas, por largas que sean, terminan encontrando una respuesta justa. En todo caso puedo afirmar sin ningún atisbo de duda que ganó la administración justicia con una columna noble, recta y virtuosa.
¡Buen viento y buena mar!
