El presidente electo de Colombia, Abelardo De La Espriella, y el vicepresidente José Manuel Restrepo, junto con sus familias, han testimoniado con valentía públicamente su fe en una sociedad secularizada. De La Espriella y su esposa Ana Lucía Pineda participaron en la Fiesta de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá y se consagraron a la Virgen, pidiendo su intercesión por el Gobierno y Colombia.
Para hacer realidad lo que han llamado ‘la Patria Milagro’, requerirán la ayuda de Dios, entrega y trabajo arduo, el respaldo de su equipo y el compromiso de los colombianos, quienes debemos permitir que Dios obre en nosotros el milagro de la conversión y actúe a través nuestro.
La tarea no será fácil. Construir un país más justo, pacífico y solidario exige superar obstáculos y supone una batalla espiritual que comienza en cada corazón. Estamos llamados a buscar el bien común mediante la oración y acciones concretas, con la gracia de Dios y conforme a su voluntad.
Jesús oraba constantemente e invitaba a sus discípulos a hacerlo. También la Virgen, en sus manifestaciones, recuerda la importancia de la oración para que Jesús transforme nuestras almas. Al orar, expresamos nuestra disposición a cumplir la voluntad de Dios, dejarnos gobernar por su amor, obedecer sus mandamientos y trabajar por mayor justicia, paz y fraternidad.
La oración es la puerta por la que dejamos entrar a Dios en el corazón. Por ella, el Espíritu Santo nos ilumina, fortalece y capacita para discernir y hacer el bien; purifica nuestras intenciones y evita que sigamos los criterios del mundo o caigamos en las trampas del maligno.
Todos necesitamos convertirnos: no es una tarea reservada a los demás. La conversión comienza en nuestro corazón y se alimenta con la oración de agradecimiento, perdón, alabanza, adoración, contemplación, comunión, intercesión y ofrecimiento, personal y comunitario. También oramos al meditar la Palabra de Dios y guardar silencio para escuchar su voz. Ofrezcámosle el corazón para que lo purifique y transforme con su amor.
Las lecturas dominicales* nos invitan a aspirar al Reino de Dios y a trabajar por una mejor convivencia. La parábola del trigo y la cizaña enseña a vivir con paciencia y amor, sin juzgar ni excluir. La levadura transforma la masa y la semilla de mostaza produce grandes frutos. Así crecerán nuestras acciones si permanecemos unidos a Dios.
Para edificar ‘la Patria Milagro’, unámonos a Dios mediante la oración, dejémonos conducir por su gracia y actuemos solidariamente. El verdadero milagro de Colombia comenzará cuando cada uno permita que Dios transforme su corazón en instrumento de justicia, reconciliación, servicio y paz.
*Mt 13, 24-43.
**Economista, orientadora familiar y coach personal y empresarial.
