Hace varios días circuló en redes sociales un video que provocó indignación y rechazo en amplios sectores del país. Las imágenes correspondían a una caravana en medio de la celebración de un triunfo futbolístico en la que se vio a un aficionado exhibir banderas con esvásticas y una de las personas vinculadas al equipo apareció caracterizada como Adolf Hitler.
Los organizadores afirmaron que se trataba de una parodia inspirada en un personaje de Chespirito, negaron cualquier intención política y ofrecieron disculpas. Aun así, permanece el desconcierto y la indignación, toda vez que resulta difícil comprender que, en pleno siglo XXI, una de las mayores tragedias de la humanidad pueda ser reducida a una simple utilería para una celebración deportiva.
Es cierto que en este mundo se ve de todo y cada día parece que lo disruptivo es lo que más vende, pero la ocurrencia no justifica la ignorancia histórica, por el contrario, quienes pretenden usar esos símbolos están llamados, más que nadie, a conocer la historia.

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Camilo MoralesEl nazismo, que gobernó Alemania entre 1933 y 1945, fue un Estado convertido en maquinaria de exterminio y bajo esa bandera fueron asesinados millones de judíos mediante cámaras de gas, fusilamientos, trabajos forzados, etc. También fueron perseguidos y asesinados romaníes, personas con discapacidad, prisioneros soviéticos, opositores políticos y homosexuales. Por esa sola razón convertir esa barbarie en adorno futbolero no es ningún tipo de humor, sino una amnesia generalizada y hasta cruel.
Por desgracia, la sociedad de los odios crece cuando el sufrimiento ajeno pierde significado, primero se vuelve meme o disfraz; después, la víctima parece exagerada y el victimario, incomprendido; justo por situaciones como esas se repite constantemente la historia de Rosa Olaya (q.e.p.d.), quien fue asesinada en su lugar de trabajo por no aceptar salir con un hombre que la había hostigado y acosado durante meses, porque ella se negó a aceptar una relación. Si bien, ambos hechos no son equivalentes, lo cierto es que revelan la misma falla moral basada en que la voluntad del otro deja de importar y su dignidad se vuelve un obstáculo que alguien cree autorizado a atropellar.
Por eso no basta alegar que “era una broma”, pues los símbolos también producen efectos y algunos cargan cementerios enteros. Además, en Colombia la apología del genocidio es delito, aquí se sanciona la difusión de ideas que promuevan o justifiquen el genocidio o el antisemitismo, así como la pretensión de rehabilitar regímenes que amparen esas prácticas
Por eso, una vez más insisto en que el fútbol merece celebrarse, es y será una fiesta que no necesita disfraces de personajes ni símbolos atroces, porque todos los deportes y acciones sociales exigen responsabilidad, memoria y un límite elemental, y ninguna fiesta puede construirse sobre la humillación y el dolor de las víctimas. ¡Con eso no se juega!
*Abogado.
